Anyelina Nardon: “Por sobre todo, hoy me amo”
Entrevistas / Mayo del 2019

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Amorosa, risueña, gritona, llorona, e intensa son algunas características que definen a esta mujer. Es que es un mar de emociones que, luego de derrumbarse, volvió a nacer, esta vez más poderosa, segura y con una sonrisa que nunca saca de su rostro.


La veo acercarse, lleva puestos unos lentes de sol, una polera rosada, jeans y zapatillas. Se le ve cómoda y con un look que no pasa inadvertido; es que las vueltas de la vida, una presión autoimpuesta y un duro camino para aprender a escucharse hicieron que Anyelina Nardon (28) perdiera su largo pelo castaño, dando paso a esta mujer nueva.


Es que pese a la sonrisa que nunca se le va del rostro, los últimos años de una de las voces más destacadas dentro de la radiofonía de la Región de Coquimbo han sido una lucha por salir de la oscuridad.


Ella es Anyelina, la relacionadora pública que pasó de hacer su práctica a apoderarse del micrófono; la que grita, llora, se enoja, se ríe; la intensa “muñeca” de Radio Montecarlo.



ANYELINA SALVAGE

Nacida en La Serena, reconoce que le encanta la playa, sin embargo, sus recuerdos más atesorados los vivió en el Valle de Elqui. “Mis primeros recuerdos son del El Molle, en una casa que tenían mis abuelos y que disfruté muchísimo. Siempre fui muy ‘salvaje’, me gustaba la tierra, el barro, subirme a los árboles y jugar con animales”, relata.


¿Fue una época bonita?

Sí y no. Mis papás se separaron cuando era muy chica. Mi mamá trabajaba mucho, y si bien mi papá vivía en una parcela y ahí también tenía lugar para revolcarme y disfrutar de la naturaleza, tampoco lo veía tanto. Me criaron mis abuelos, los que me regaloneaban con todo, pero siempre tuve esa carencia de papá y mamá; siempre me quisieron dar lo mejor y lo agradezco infinitamente, pero quedó ese vacío emocional. Me sentía sola, necesitaba esa atención y en ese momento no lo entendía, pero le di significado mucho después.


¿Eso se demostraba en tu día a día?

Sí, en el colegio me portaba pésimo (ríe). Era muy traviesa, no una delincuente, pero me escapaba y hacía shows. Era consentida y me creía la reina del mundo. Hasta que los humos se me bajaron de golpe.



MUERTE Y CAMBIOS

Anyelina tenía 21 años cuando su abuelo falleció; señala que “él era el que me entregaba todo y era lo máximo. Cuando murió tuve que hacerme cargo de mí misma”.


No solo la muerte de tu abuelo ocurrió en aquella época, además hubo otros cambios…

Claro, fueron varias cosas. Tuve que comenzar a trabajar e hice de todo, repartí flyers, trabajé de mesera, como anfitriona en matrimonios y todo mientras estudiaba Derecho. Pero al tercer año me salí y esa decisión fue muy difícil, porque mi papá estaba con ataque. Siempre quise estudiar Derecho, pero con el tiempo me fui decepcionando. Soy muy sentimental, veo un perrito en la calle y lloro. Tuve la oportunidad de hacer una pequeña práctica y ese mundo no me gustó, me mandaban al juzgado de familia y para mí era terrible. No podía seguir haciéndolo, tomé la decisión y me cambié a Relaciones Públicas. A los 21 años me pasaron varias cosas, fue un cataclismo. Pero la muerte de mi abuelo fue un despertar, me hice consciente y responsable de mi vida.


¿La muerte de tu abuelo marca ese renacimiento que viviste?

Fue uno de mis renacimientos.



EL DERRUMBE DE LA MUÑECA

Fallece su abuelo, se cambió de carrera, pero aún faltaba el gran quiebre en su vida, el que la sumergió en un vaivén de emociones y de autodescubrimiento.


Toda la vida me esforcé por agradarle a los demás, por ser una buena hija, buena amiga y buena en todo, y en el fondo eso me llevaba a un cansancio terrible que tuvo su costo”, señala Anyelina. Eso generó que le costara mucho compatibilizar todas las áreas de su vida. Llegó a la radio a hacer su práctica como relacionadora pública y a las dos semanas, sin ninguna experiencia, entró al aire para dar unos premios y en un abrir y cerrar de ojos ya tenía su programa todas las mañanas.


Ha sido meteórico…

¡Ha sido muy rápido! Cuando lo cuento suena como si hubiera pasado hace varios años, pero fue hace solo dos. Me titulé y seguí trabajando, nunca paré. Estudiaba, trabajaba, iba al gimnasio, me cuidaba con la alimentación, terminé una relación, comencé otra y a los tres meses me fui a vivir con él; soy muy intensa. Era una Anyelina 24/7. Fueron cambios extremos que me hicieron despertar y hacerme consciente de mí.


¿Por qué dices eso?

Hay cosas que uno vive, errores que se cometen y no te das cuenta. Entendí que había vivido siempre para darle el gusto a alguien más, cuando la única que se tenía que hacer feliz era yo y eso es quererse, cuidarse y escucharse. Yo me empecé a sentir mal, me despertaba con un cansancio tremendo, pero a pesar de saber que estaba así, me obligaba a seguir.


¿Tu cuerpo comenzó a hablar?

Así fue, y al cansancio se le agregó que comenzó a dolerme la garganta, pero no porque estuviera resfriada. Yo sabía que tenía que parar, era el segundo aviso que me daba mi cuerpo, pero seguí con el mismo estilo de vida.


Luego de ello Anyelina habló con su psicóloga y le recomendó meditar, porque debía sanar su alma y mente, pues le estaban jugando una mala pasada. Se fue a Santiago y luego de hacer un curso de meditación volvió a La Serena, pero lo más dramático estaba por venir. “Fue ‘heavy’… a la semana de volver se me comenzó a caer el pelo, pero lo ignoré y no le puse atención, aunque por dentro estaba muy asustada”.


El pelo se te siguió cayendo, ¿en algún momento colapsaste?

Cada día se me caía más, pero lo trataba de tapar. Todo ese proceso lo viví en silencio, no le conté a nadie, pero luego todos se dieron cuenta. Mi pareja me escondía el pelo que se me caía, para que yo no lo viera. Hasta que un día fue mucho, ni él ni yo pudimos más, colapsamos y lloramos a mares. Tuvo que llegar mi suegra a ayudarme, que ha sido un ángel en todo este proceso. Mi familia y todos estaban muy preocupados. Me hacía exámenes y estaba “sana”, no tenía nada, pero se me seguía cayendo el pelo… ¿Tanto me dormí?, ¿tanto me abandoné?


Con toda esa pena fue al dermatólogo y el diagnóstico fue claro: era alopecia areata. “Yo no sabía qué era eso y era muy común, más de lo que uno cree, y se manifiesta por un colapso por estrés”.




SIN PELO, PERO CON UNA NUEVA VIDA

¿Cómo fue el momento en que decidiste raparte?

Tenía tan poco pelo que todos mis esfuerzos por taparlo eran en vano. Me despertaba y lloraba. Fueron dos meses desde que comenzó a caerse, quería morirme, me sentía pésimo y no era tanto el pelo… (Se emociona). Lo que me dolía era haberme olvidado a mí misma. Me preguntaba por qué si soy una mujer inteligente, simpática, amorosa, poderosa, no me amaba y respetaba. Pero cuando decidí raparme, sentí un alivio tan grande: me miré al espejo y dije ¡esta soy yo!


¿El perder tu pelo te transformó?

Completamente y lo agradezco. Esto tenía que pasar, no tengo nada que ocultar, me siento libre, feliz, orgullosa y fuerte. Me empecé a curar, a tomar mi tiempo y a disfrutar. El universo es perfecto y uno siempre tiene que vibrar en amor, sin juzgar a nadie, que era algo que hacía antes. En estos meses que llevo sin pelo me he sentido plena, me amo y voy a disfrutar mi pelada.


¿Cómo fue la reacción de la gente al verte?

Al principio fue duro, hubo de todo, desde los que me preguntaban si tenía cáncer a otros que me retaban y me decían que estaba loca. Pensaban que era capaz de raparme (risas). Sí po’, si soy ‘la muñeca’, soy extrema, pero este no era el caso. También hubo otra gente super impertinente que me decía que me veía mal, que mi pelo era tan bonito.


Pero también estaba la otra gente, la que siempre me tiró para arriba y me decía que me veía la raja. Encontré una belleza diferente en mí, empecé a mirar mi sonrisa y la amo. Comencé a utilizar más aros y collares. Siento que me puse más femenina, lo tomé como una oportunidad para cambiar, me compré ropa más osada porque me sentía más sexy, es algo super loco. Fue un cambio maravilloso.


¿Cómo te defines como mujer?

Soy una mujer “power” con una energía desbordante, y mi filosofía de vida es disfrutar. Vivo los sentimientos a mil, soy llorona, risueña, gritona, temperamental e intensa. Mis días siempre tienen todas las emociones. Me gusta vivir y me gusta estar.



Por: @elwndelabarba; Fotos: @daniel_esquiveles; Maquillaje: @makeupwomanchile 

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