¿Desde cuando los "Te Amo" se volvieron tabú? por Soledad Grunert
Opinión / Septiembre del 2019

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Antes nos avergonzaba hablar abiertamente de sexo y nos resultaba impensado confesar lo que nos gustaba o no en la cama, ¡incluso a nuestras parejas! Pero afortunadamente eso ha ido cambiando y a medida que las mujeres fuimos haciéndonos más conscientes de nuestro cuerpo y fuimos exigiendo nuestros derechos, también fuimos empoderándonos en lo relacional y en lo sexual.

Cambiaron las reglas del juego y empezamos a asumir que somos calientes, que queremos disfrutar del sexo y que no por ello somos putas. Se empezó así a deconstruir la relación de pareja que conocíamos y a instalar una nueva educación sentimental: una centrada en el desprecio por el amor romántico como expresión vincular del machismo y en el ensalzamiento de la autosuficiencia emocional. 

Y en este escenario ¿qué ha pasado con el amor? Aquí los consejos abundan: no pidas ni esperes nada de nadie, no dependas de nadie, no necesites a nadie, así el amor es cuestión de opción y no de necesidad. Hoy el desapego es la consigna para todo y este formato nos viene perfecto a las mujeres que queremos liberarnos de todos las feroces limitaciones que nos han impuesto en esta sociedad.

Pero hay un ‘pequeño’ problema con todo este discurso. Pese a sonar genial, si antes nos enfermábamos de frustración sexual y de ansiedad, hoy nos estamos enfermando de desconexión y de soledad. Lo veo a diario en mi consulta, en las redes y en la vida: mujeres resueltas laboral y económicamente con toda la independencia del mundo, pero que se sienten vacías e incapaces de sostener una relación de pareja estable; mujeres que hacen un esfuerzo por disfrazarse de “empoderadas y liberadas” y que no comprenden por qué atraen una y otra vez a parejas evitativas que rehuyen el compromiso o a narcisistas que no logran ver más allá de su nariz.

Mujeres que jamás logran avanzar más allá de la primera fase del amor idealizado y saltan de una relación a otra; mujeres en pareja, pero compitiendo por quien es más indiferente y está menos disponible emocionalmente; mujeres que no logran expresar sus necesidades a sus parejas por miedo a la desaprobación o al abandono. El “¿qué va a pensar de mí?” sigue en nuestras mentes, pero ahora asociado a la expresión emocional.

Mientras en lo público renegamos del amor, cuestionamos la necesidad de afecto y actuamos resueltas, la realidad es que en lo privado seguimos queriendo sentir mariposas en la guata, hacer cucharitas y recibir esos besos que nos suspenden en el aire. Queremos que nos regaloneen y que nos abracen después del sexo. Queremos sentirnos amadas y cuidadas, saber que podemos descansar en alguien que nos sostenga en los malos momentos y sentir esos abrazos donde desaparecen todos los miedos.

 

Pero declarar todas estas cosas es “mostrarnos demasiado necesitadas y débiles”. Y eso no es deseable, es más, es incluso peligroso porque sería darle al otro el poder para hacernos daño… y correr ese riesgo ¡jamás!. Y para sortear la incomodidad, ya desde hace años han devenido paulatinamente múltiples nuevas formas de relacionarnos: andar, pinchar, tirar, touch and go,… todas formas que regulan de manera consensuada (supuestamente) el nivel de intimidad emocional y de riesgo permitido en una pareja. 

Es genial tener la libertad de elegir cómo queremos relacionarnos, pero me pregunto: ¿es realmente lo que queremos o más bien estamos siguiendo un nuevo mandato, el de la tiranía de la autosuficiencia? ¿estamos siendo libres de elegir?

Sea una u otra la respuesta, el hecho es que hemos confinado temas como el amor, el compromiso y las necesidades afectivas al cajón de lo innombrable. La cultura del desapego material se ha extendido brutalmente a los vínculos y nos ha robado el derecho a necesitar a nuestra pareja y más aún a confesar(nos) cuánto podemos llegar a depender de esa otra persona. Y con ello nos estamos obligando a negar nuestra naturaleza humanamente vulnerable, nos disociamos, nos vamos a la cabeza y nos acorazamos para seguir alimentando la fantasía de autosuficiencia. Volvimos otra vez al deber ser y ¡pucha que sabemos hacer eso bien las mujeres! 

Vincularnos a una pareja significa que nuestro cerebro se programa para buscar proximidad y apoyo en esa persona, como figura de seguridad en situaciones de vulnerabilidad. O sea nuestra biología le concede a esa persona el poder de regular (o desregular) nuestros procesos neuroquímicos y emocionales. Y no podemos hacer nada al respecto, es el precio a pagar si queremos construir un vínculo.

Hoy no existe expresión que nos genere más pudor y sea más transgresora que decir ´te necesito´. Hacerlo es quedar totalmente expuestas, al desnudo. Creemos que sería reconocer que no somos ni tan resueltas, ni tan independientes ni tan empoderadas como nos dicen que tenemos que ser. Pero por el contrario, reconocer y aceptar nuestra necesidad emocional de otros es la más grande fuente de fortaleza humana, ya que sólo desde ahí podemos construir vínculos sanos. Saquemos del clóset al amor y reivindiquémoslo como lo que es, lo deseamos y lo merecemos. Porque el amor sí es cuestión de necesidad. 


@psicologa.solegrunert

Psicóloga Clínica Adultos y Parejas

Especialista en Terapia de Parejas Focalizada en Emociones (TFE)

Especialista en Sexología Clínica y Terapia Sexual

Especialista en Psicoterapia Cognitiva Corporal (MICC)

Especialista certificada en Psicotrauma, Duelo, Abuso y EMDR® (EMDR® Institute USA)

Herramientas de regulación emocional y Mindfulness clínico 

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