Juan el Daltónico: El sombrerero loco versión 2020
Entrevistas / Septiembre del 2020

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Rompe con todos los estereotipos, y a través de la experimentación, crea tocados y sombreros extravagantes, artísticos, cargados de carácter y originalidad. Y aunque dice no pretender que su trabajo sea “usable”, desde hace tiempo las miradas de quienes aman la moda se han posado sobre su inigualable trabajo.

 

No se siente un diseñador, pero sí un artesano, uno que ha dedicado sus últimos años a crear sombreros y tocados conceptuales, utilizando cartones, plumas, materiales reciclados y un sinfín de elementos que demuestran que @juaneldaltonico no tiene límites, reviviendo un arte tan tradicional como olvidado, y logrando amplio reconocimiento con piezas artísticas vanguardistas, extravagantes e inspiradoras.

 

¿Quién es “El daltónico”? Tras el artista encontramos a Juan Cabezas, de 28 años, quien estudió Arquitectura, carrera que luego dejó en pausa para explorar su talento innato y adentrarse en la experimentación, aunque reconoce que sus estudios le permitieron adquirir muchos de los conocimientos, materiales y herramientas que hoy derivan en sus piezas artísticas, que son la demostración de una pasión innata por “crear objetos”.



 

UN JOVEN CON “INCONTINENCIA CREATIVA”

 

Ahora tu creatividad se manifiesta en los tocados y sombreros, ¿cómo la reflejabas antes, en tu niñez?

 

Plasmaba cosas que aún están presentes en mi vida, como los pájaros. El lápiz y el papel son las primeras herramientas que uno tiene como niño para expresar todo lo que piensa, todo lo que siente y lo que le gusta. Y bueno, el colegio igual te merma un poco eso, la universidad también. Cuando tuve que elegir qué estudiar, elegí una carrera que tenía una línea creativa, pero también era tradicional, no me quise mojar tanto el poto como para estudiar Licenciatura en Artes.

 

¿Por qué no te atreviste?

Por lo de tener pega, campo laboral y todo eso. Opté por Arquitectura, pero en el fondo igual me quedó chica después, creativamente hablando.

 

¿Por qué decidiste hacer del daltonismo tu marca personal?

 

El primer año de Arquitectura tuvimos un taller de diseño, era súper intenso, incluía composición, estudios de volúmenes y una sección completa sobre estudio, análisis y teoría de color, y eso para mí fue un desafío. Nunca el daltonismo me hizo sentir como discapacitado, para nada, pero en ese curso estaba en una desventaja, porque no era como distinguir entre negro y rojo o entre rojo y verde. Había que hacer distinciones súper complejas, entre colores que eran prácticamente iguales y muchas veces dije: “No puedo hacer esto”.

 

¿De frente al daltonismo…?

 

Fue difícil porque por primera vez me enfrentaba a tener que demostrar una agudeza visual que no tenía. No era de flojo o de no querer aprender. Era mi genética la que no me dejaba ver esos colores. Entonces ahí en la U quedé como el daltónico. Y no solamente yo, lo vivieron más personas; el daltonismo es más común de lo que uno cree.



 

PUNTO DE PARTIDA

 

Tras egresar de Arquitectura, Juan comenzó con esa búsqueda interior que le permitiría desarrollar al máximo su capacidad creativa y que le cambiaría la vida, dándole sentido a muchas cosas. “Sentía que la Arquitectura me estaba quedando chica, y me estaba generando frustración”, recuerda, aunque también sabe que esa formación le dio “importantes nociones de estructura y mini ingeniería”.

 

¿Cómo canalizaste esa frustración?

 

Empecé a buscar un medio en el cual expresar todas esas inquietudes que siempre tuve y así nació la cuenta en Instagram: @juaneldaltonico. Ahí comencé a publicar mis dibujos, cosas que hacía, looks que me gustaban. Ahí partió todo, mezclando mil cosas, entre diseños digitales, sombreros de cartón, y otras cosas. Con la cuenta de Instagram se me abrió un poco el espectro, ya que es una plataforma muy amplia; permite que todos muestren lo que hacen, y en la que puedes estar todo el día viendo trabajos.

 

Entonces desde Instagram vino esta apertura…

 

Comencé a conocer más sobre diseño nacional e internacional. Me empecé a encantar de esto y a tomar más vuelo. En ese tiempo también descubrí al diseñador chileno Sebastián Hasta Nunca. Le pedí que me hiciera un pantalón y cuando nos juntamos le llamaron la atención los trabajos que hacía con cartón. Bromeaba y me decía que yo era una especie de “maestro chasquilla de las artes”, y luego de eso me invitó a diseñar un sombrero para su colección de fin de año. En este tiempo estaba en un proceso de investigación, tenía tiempo y acepté. Pero no hice un sombrero, ¡hice ocho! Así nació mi primera colección.

 

¿Cómo fue esa primera colección?

 

Cuando Sebastián me invitó a trabajar con él, le dije de inmediato: “Soy estudiante de Arquitectura. Sé trabajar con cartón y cortacartón”. Apliqué todas mis técnicas de arquitecto para hacer sombreros con inspiración oriental en cartón y papel. El resultado fue súper lindo porque yo también apliqué fabricación digital, que era lo que nos habían enseñado en la universidad. Fueron estructuras muy arquitectónicas en cartón couché y lo forré en papel vegetal, en cordón y todo quedó muy orgánico. Fue mi primera colección y le tengo mucho cariño. Aún conservo mis dos piezas favoritas porque me encantan y fue el inicio de todo esto.

 

En una entrevista señalaste que más que un diseñador, te sentías un artesano, ¿por qué?

 

Ser diseñador es un poncho bien grande. Mi trabajo tiene una autobiografía. Es una expresión propia que quiero plasmar mediante los sombreros y los tocados. En ese sentido soy más un artesano, porque construyo este relato con lo que tengo a mi haber. No de manera metódica, industrial o con alguna estrategia de marketing. Yo planteo cosas porque las siento, porque me obsesiono.

 

¿Qué hizo que toda tu creatividad se proyectara en algo tan específico como los sombreros y los tocados?

 

A mí siempre me gustó la moda. De chico siempre me vestí raro, y nunca me conformé con lo que me daba mi entorno en cuanto a la indumentaria y el vestuario, además, siempre me gustaron los sombreros y los tocados. Sentía que eran objetos muy presentes dentro de un look, más que un zapato o una pulsera. Por otro lado, no sabía hacer ropa. También me gustaban mucho por el hecho que para confeccionarlos existen pocas reglas. Las prendas de ropa o el calzado tienen tallas y ciertos estándares, en cambio un sombrero no tiene reglas.



 

“MÁS QUE OBJETOS, VENDO IDEAS”

 

Los tocados de Juan el Daltónico se han vuelto muy populares en la industria de la moda, y han sido parte de importantes eventos como el Mercedes Benz Fashion Week Santiago, diversos desfiles como el Ren Fashion Santiago y ha participado de editoriales y portadas de revistas.

 

¿Para quiénes están creados tus tocados y sombreros?

 

Para todos y para nadie. Para quien quiera tenerlo, para quien tiene las ganas de usar algo así. Pero también es para nadie, porque mi principal foco de clientes o mi espectro es la misma industria, la grabación de videoclips, el shooting para la revista o la editorial, la campaña del diseñador. Entonces es un objeto como lejano, que viene a mostrar la fantasía que se quiere presentar. Más que objetos vendo ideas. Los tocados son súper potentes, son la guinda de la torta y un trabajo muy fantasioso. Entonces, por eso digo que es para nadie, porque no es algo que se use en el día a día, en lo cotidiano. Yo vendo fantasía, entonces para usar estas creaciones hay que estar en esa fantasía.

 

¿Te gustaría que algún día se masificara el uso de sombreros y tocados?

 

Por temas económicos siempre es bueno vender harto. Pero no me considero ni me proyecto como el diseñador que va a vender los accesorios hit de la próxima temporada. No es algo que busque. No me considero tendencia ni tampoco quiero serlo.

 

Entonces, ¿las reglas o tendencias de moda no son una preocupación para ti?

 

No, para nada. Soy súper ignorante en cuanto a tendencias y me visto pésimo, pero me siento bien. Para mí el tema del vestir y la moda deben nacer desde adentro. Y nos debería importar un bledo lo que diga la revista o la otra persona. Es una cuestión tan personal que, mientras uno se sienta conforme y cómodo, todo está bien. Sentirnos bien con nuestra forma de vestir y con lo que decidamos ponernos es el mejor accesorio y la mejor tendencia. Independientemente de la talla y de todo. Para mí la moda es otra de las grandes expresiones como la pintura o la arquitectura y en ese contexto prima la idea, alejándose un poco de la tendencia o de lo cotidiano.

 

¿Qué diseñadores han inspirado tu trabajo?

 

Tengo dos referentes principales que son dos duplas, la primera es Philip Treacy y los sombreros que le hacía a Alexander McQueen. El relato que creaban ellos dos junto con Shaun Leane, que era quien hacía las joyas, es insuperable para mí, ¡lo mejor de toda la historia! Y la otra dupla que me encanta es el trabajo de John Galliano para Dior, con los sombreros de Stephen Jones. Son maravillosos, pura fantasía. Me han marcado y son desfiles que he visto una y otra vez y tengo mil imágenes guardadas en mi computador que siempre vuelvo a ver.



 

“MI TRABAJO ES AUTOBIOGRÁFICO”

 

En su proceso creativo, Juan utiliza diversos objetos reciclados, entre los que destacan plumas, fieltros, y materiales orgánicos. ¿De dónde nace su inspiración? De todas partes, aunque la naturaleza y el folclore están muy presentes en su trabajo. Se reconoce fan de las diferentes culturas del planeta, pues cree que “son elementos que mueren frente a la homogenización que provoca la globalización”.

 

 

¿Cómo describirías tu proceso creativo?

 

Tengo dos procesos creativos: uno que es para mis colecciones y otro para la confección de piezas más puntuales. Para las creaciones son procesos largos, que van dando vuelta poco a poco en mi cabeza, y que voy investigando, haciendo visitas. Y, por otra parte, están los procesos más puntuales, para series de tres a cuatro tocados. Hace un tiempo hice también un tutorial para elaborar unas antiparras para el COVID-19, que fue un proceso más puntual para responder a una necesidad del contexto en el que estoy o que se me da la oportunidad porque encuentro un material y lo hago rápido.

 

A pesar de que usas muchos materiales, las plumas siempre están presentes, ¿son tu elemento favorito?

 

Siempre, desde niño, cuando dibujaba, siempre dibujaba pájaros. Siempre me creí pájaro. Y sí es mi elemento favorito para trabajar y con el que más he logrado cierta “expertise”. También es un elemento polémico, porque siempre me funan por usar plumas o por mostrar animales muertos o cosas así. Pero nunca he matado un pájaro, las aves se mueren por diversos motivos. Siento que hay cierta negación de la gente a la muerte, y la muerte es parte de la vida. La muerte no tiene por qué ser el final de algo y no porque yo cure el ala de un pájaro que murió atropellado o murió de viejo voy a estar faltando el respeto a ese pájaro o a la muerte. Todo lo contrario: es mi visión de ver las cosas y trato de compartirla.

 

Vives en Maipú y estuviste harto tiempo en cuarentena, ¿cómo te has abastecido para seguir trabajando en tus creaciones?

 

Felizmente, la creatividad es arte, de algún lugar salen cosas. De hecho, me ha pasado en estos meses que había elementos que los tenía pensados para una cosa y les di una vuelta y terminaron en otra. Si algo puedo como predecir o prever que pasará en el futuro es que todos vamos a tener que darle una vuelta a lo que tenemos. Ya no será como decidir comprar algo, encargarlo y que te llegue un día. Ahora todo está mucho más lento y más restringido. Vamos a tener que ir aprendiendo a trabajar con lo que encontremos en casa, o con lo que tenemos cerca y a nuestra disposición, para luego meter harta cabeza y transformarlo en belleza, pues finalmente ese es nuestro trabajo como creativos.

 

¿Todas tus creaciones hablan de ti?

 

Totalmente, mi trabajo es autobiográfico. Yo no voy a hacer cosas por tendencia o porque son el accesorio que todos quieren usar. Creo que todo pasa por mi filtro, por mis propias obsesiones.

 

¿Cómo te gustaría ser recordado dentro de la industria creativa?

 

¡Qué difícil esta pregunta! (ríe) Creo yo que la moda a veces se olvida que todos tenemos algo que ofrecer. Se olvida de la individualidad entre tanta tendencia… Me gustaría que mi trabajo se recordara como una expresión de individualidad, que es algo que nunca tenemos que perder. No olvidar que todas las expresiones artísticas se originan de la esencia del ser humano. Un ser humano con obsesiones, con gustos, con sueños. Y mi proyecto como marca es una explosión de las obsesiones de una persona.


Por: Pía López 

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