Gonzalo Yáñez: Un fabricante de éxitos
Entrevistas / Septiembre del 2018

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Un hueón piola, sensible, desprejuiciado” así se describe él. Nosotros preferimos describirlo con todo aquello que ha hecho que lo conozcamos, un gran talento componiendo y artífice de gran parte de la banda sonora de la música nacional de los últimos 20 años. Él es Gonzalo Yáñez, el uruguayo que, guitarra en mano, decidió quedarse en Chile y dedicarse a cantar y crear canciones.

Volvemos a caer en la complicidad, un beso es un tal vez con claro final. Te vuelvo a mirar, me culpas de no estar en tu lugar, pero hay heridas que aunque se escondan nunca se olvidan…” Lo más probable es que al leer estas líneas rápidamente las musicalices en tu cabeza, esa es la magia de la música, inmortaliza. Sigamos con el ejercicio, vamos ahora con “estoy cansada y aburrida de que vengas aquí con excusas y mentiras, ¿qué pretendes de mí?”; y agreguemos una más, “no quiero oír tu explicación, no servirá de nada, hoy la confianza se perdió, me diste por la espalda…” Las conoces todas, ¿verdad?

¿Qué tienen en común estas canciones? El nombre de un hombre, Gonzalo Yáñez, el uruguayo que hace más de 20 años llegó a Chile y decidió vivir de la música. Pero lo que pocos saben es que además de su carrera como cantante, Gonzalo es el autor de grandes éxitos popularizados por otros artistas, como María Jimena Pereyra, Augusto Schuster o Denise Rosenthal. Con su guitarra, eterna compañera, el uruguayo/chileno conversó con Revista Sarah y tarareamos sus más de 15 años dedicado a la música.




15 AÑOS NO SON NADA


Gonzalo aceptó nuestra entrevista solo algunas semanas después de celebrar con gran éxito sus 15 años de carrera en un concierto. “En realidad son 18, pero 15 sonaba más cool”, nos confesaría más tarde.


Te ves muy joven para llevar casi 20 años cantando…

Nadie cree que tengo 35, me dicen “¿cómo?, si yo te escuchaba cuando era chico”, y es porque yo empecé a los 17 años, cuando era muy chico.


Partiste con la banda No Me Acuerdo y les fue muy bien, viviste fama siendo muy chico, ¿cómo fue eso?

Yo soy un agradecido de haber podido editar un disco a los 17 años cuando la mayoría de los adolescentes están ocupados de estudiar y yo estaba haciendo lo que más me gusta en la vida.


Un mini rockstar… ¿había envidia de tus pares?

Yo creo que había un poco de envidia como lo hay en todos los ámbitos, pero nunca algo grande. Sentí más envidia de algunos profesores de música, más que de mis compañeros.


¿Qué recuerdas de esa época que mezclaba colegio con shows, TV y giras?

Lo pasé muy bien, le decía a mi vieja y a todo el mundo “me la estoy jugando y quiero que me vaya bien, quiero que llamemos la atención, que nos inviten a los programas de la tele”. Pero también fuimos súper vapuleados, porque había un sector del periodismo experto al que no le gustábamos y era obvio, porque éramos una banda para gente joven, no para ellos que tenían 30 y tantos.


Con No Me Acuerdo fueron nominados incluso a los premios MTV, pero la banda desapareció y apareció simplemente Gonzalo Yáñez, ¿cómo fue eso?

Cuando empecé a pensar lo que iba a ser el segundo disco de la banda, lo sentí más de cantautor que de banda teen; era un disco de calidad muy buena y yo no quería que se tiñera del prejuicio que había con la banda, de superficiales. Entonces dije, me voy de la banda.


¿Cómo se lo dijiste a tus amigos?

No se los dije, ¡fui el peor! Salí en el programa del Pollo Fuentes diciéndolo y fue lo peor que he hecho en mi vida, pero era muy chico y no sabía qué hacer, no supe cómo enfrentarlo. El Pollo me pregunta “¿cómo vas con la banda?” Y no sé ni cómo se lo dije, fue algo así como “nos estamos separando”, y ellos no sabían. ¡Imagínate decirles a tus mejores amigos que no vas a tocar más con ellos y decirles por la tele! Fue un desastre. Me tildaron de todo lo que se te ocurra.




¿EL ÉXITO DE SOLISTA O SUMARSE AL GRUPO MÁS EXITOSO?


El ídolo de adolescencia de muchos hoy tiene 35 años, sigue manteniendo un look muy pop, muy joven y muy relajado/pensado. Se nota muy profesional, pero también muy artista y muy alegre. Toma una cerveza y come un sándwich de Ciudad Capital mientras sigue su relato.


Vino el primer disco solista entonces (sí, el mismo que originalmente iba a hacer con su banda de amigos), lanzó su disco y fue un hit de la época. Pero llega un ofrecimiento al que el uruguayo no pudo decir que no, dejando su disco (ese tan deseado) de lado, pues se suma como guitarrista de Los Prisioneros.


Después de dejar la banda también dejaste tu disco recién lanzado, ¿por qué?

El disco fue un golazo, pero en ese tiempo yo empecé a tocar con Los Prisioneros y cuando mis canciones empezaron a romperla yo ni siquiera estaba en Chile, me fui con ellos porque fue una propuesta que no pude rechazar. Tenía 20 años y la banda más grande del país en el que vivo me invita a una gira por Estados Unidos, Canadá y México, y me dije “esta oportunidad no la voy a volver a tener”.


¿Y qué pasaba con Gonzalo Yáñez que estaba sonando en las radios chilenas en ese momento?

Después del primer año con Los Prisioneros, la idea era irse a vivir a México, pero ahí le dije a Jorge que no seguía, tenía mi carrera incipiente acá, me estaba yendo bien y me quedé. Él me dijo “sí, eso es lo que tienes que hacer”, esto fue el 2004, nos dimos un abrazo y me dijo “tú puedes contar conmigo toda la vida” y cumplió.


Fue una relación muy cercana la tuya con Jorge…

Sí, y dura hasta el día de hoy, de hecho, él es padrino de mi hijo. Pero igual había cosas complejas, como una cláusula bien complicada en nuestra relación en el escenario, porque todos en la banda tenían reemplazante menos yo, y si yo no iba él no tocaba. Los que escuchan esto me dicen “¡qué bacán!”, pero para mí era una soga al cuello, me dejaba entre la espada y la pared.

Un día me llamaron para hacer un evento y me ofrecieron un cerro de plata, entonces lo llamé a él porque teníamos el compromiso de tocar en el festival de Antofagasta, y me dice “ya, qué bueno, anda a tu show, pero nosotros no tocamos”. Imagínate lo que es bajarse del festival de Antofagasta con toda la gente esperándote…


¿No es muy ensimismado eso, como caprichoso?

Yo creo que yo era un apoyo muy importante, lo hacía sentir seguro. Ojo, a diferencia de lo que la gente cree, que me llené los bolsillos de plata tocando con Jorge, yo gano mucho más tocando solo.


Te peleaste públicamente con (Claudio) Narea cuando dijo que Jorge González era gay…

No, yo no me peleé con nadie, lo que pasa es que me pareció una estupidez. Y no me parece estúpido porque sea o no sea gay, me parece estúpido salir a decirlo como si fuera importante lo que hace cada uno en su intimidad, yo soy respetuoso de eso, y lo que hace cada uno en su pieza no tiene por qué definirte. Me molestó la declaración, me pareció de un pelmazo, un zopenco, un tipo con muy poca inteligencia, independiente de que fuera cierto o no.


¿Qué sientes por Jorge González?

Adoración, lo quiero como si fuera mi familia, y le tengo una admiración tremenda.




EL FABRICANTE DE ÉXITOS

Le pedí a Gonzalo que volviéramos a hablar de sus inicios y le pregunto: ¿podrías hoy estar en otro lugar si no te hubieras ido con Los Prisioneros?, pero un fuerte “¡sí!” interrumpe mi pregunta. “100 % sí, eso es lo único que me da un poco de lata, creo que quizás podría estar en otro lugar”, y es que la carrera de Gonzalo es lo suficientemente basta como para ocupar un lugar de mayor consideración en la música nacional.


¿Te sientes uno de los íconos pop nacionales?

Yo creo que eso tiene que ver más con la gente que con lo que yo crea. Pero si vos te ponés a pensar, mi repertorio tiene muchas más canciones conocidas que la gente que ha ido al Festival de Viña, por ejemplo. Tengo una carrera larga y nutrida, he compuesto canciones muy importantes para otros artistas.


Pero nunca has despegado de una especie de círculo medio “under", ¿no?

No, y puede que tenga que ver con una manera mía, yo no me doy mucho color en general, me mantengo muy terrenal, trato de ser buena onda con la gente y eso a veces te acerca a la realidad y te quita un poco de misterio, pero mi misión en la vida no es ser un misterio, todo lo contrario.


¿Qué sientes cuando los artistas que tu ayudaste a concebir, como Augusto Schuster o Denise Rosenthal, tienen un nivel de reconocimiento muy grande con relación al tuyo?

Me da un tremendo orgullo, no tengo ningún tipo de recelo ni nada. Si la música solo dependiera de las capacidades, quizás sí podría evaluarlo desde ese lugar, pero la música en realidad tiene que ver con tocar la fibra de la gente. Yo por más que tenga una trayectoria importante, que tenga un manejo de la música mayor, da lo mismo porque mañana puede venir un pendejo que no sabe tocar nada, pero tiene un ángel del carajo y esa es la gracia de la música pop en general. No importan tanto la calidad musical o interpretativa, lo que importa es tocar la fibra de la gente. Yo no pido que los demás tengan menos, lo que pretendo es quizás tener una consideración mayor a la que tengo.


Tu primer disco solista fue el más exitoso, y al parecer no volviste a tener ese nivel de exposición o de éxito, ¿me equivoco?

No, pero a partir de lo que pasó con Los Prisioneros yo empiezo a componer para otros artistas y empiezo a vivir de eso más que de mi propia carrera, y empiezo a tener mi carrera como la quería tener y no como algo obligado; por ejemplo, no iba a todos los programas que me invitaban, no sé.


Hablemos del éxito siendo muy joven, ¿te viste de un día a otro con la cuenta corriente llena?

Cuenta corriente no, guardaba la plata en un cajón (ríe), y cuando ya se me caía del cajón, mi vieja me dijo “existen los bancos”. Me fue muy bien, vivía con mis viejos y tenía los temas más sonados de las radios durante mucho tiempo. No gastaba en nada más que en invitar a amigos a carretear de repente. Pero igual pude comprarme mi casa cuando nació mi primer hijo, siempre tuve la idea de juntar plata y siempre tuve esa visión.


Bueno, pero tienes una casa gracias al primer disco…

Yo creo que tengo esa casa gracias a las canciones que le escribí a María Jimena Pereyra; fueron dos de las canciones mías más sonadas de mi vida. Pero sin duda “Volvemos a caer” pagó al menos el pie de la casa.


Es una “queja” constante entre los artistas chilenos que el mercado es muy pequeño y siempre está la inquietud de tener que salir para triunfar… ¿Has pensado en irte, en pegarte un “Mon Laferte”? ¿Qué opinas de lo que ella representa como fenómeno?

Un “Mon Laferte” ojalá (ríe). Yo no sé si es tan necesario irse, hoy las redes sociales te dan la posibilidad de estar en cualquier parte y mostrarte a otros mercados, lo que yo creo y veo en amigos míos es que tocan techo acá, por ejemplo Gepe; ¿qué más va a hacer en Chile?, ya lo hizo todo. Respecto al fenómeno Mon, no me gusta personalmente, pero está muy bien hecho, logró concretar perfecto la imagen, música, discurso, todo. Pero si me preguntas si yo escucharía a Mon Laferte, no.


Hay un montón de canciones tuyas que se hicieron conocidas por otros artistas, como “El precio que tiene el amor”, de María Jimena Pereyra…

Sí, esa es una de las canciones más lindas que he hecho, sin duda que a ella le ha traído muchas retribuciones y a mí también. Fíjate que el año que salió esa canción, fue el mismo año que salió “Volvemos a caer”, y ese año fui el compositor chileno que más plata generó por concepto de reproducciones. También compuse para Augusto Schuster, Kel Calderón, Denise Rosenthal, Amango, Bkn, Canela de Noche de Brujas, y más.


¿Vives de la música?

Sí. Quizás es porque hago todo lo que se puede hacer dentro de la música para vivir de la música, si fuera solo Gonzalo Yáñez cantautor seguramente no podría, pero hay que saber dentro de las ramas y posibilidades que uno tiene cómo hacer para generar lo que tú necesitas para ser feliz, para vivir, para mandar a tus hijos al jardín que quieres; la idea tampoco es sobrevivir de la música, sino vivir.


¿Y la fama?

¡No soy famoso! Me conocen, pero fama no.


¿Con qué te recuerdan o asocian más?

Con “Volvemos a caer” sin duda. Y es una canción que odio todo el tiempo menos cuando la canto (ríe), porque ya la he tenido que hacer tantas veces. Pero cada vez que la canto de nuevo y escucho a todo el mundo corearla, la amo. Eso no hace más que confirmar que lo que más me gusta es que la gente sintonice contigo.




Por: @Ahorapinto

Fotografía: Daniel Esquivel

Maquillaje: Make Up Woman

Outfit: @Azaelchile

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