Imparable, los rostros de Antonieta Neira
Entrevistas / Marzo del 2018

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“Que no sé nada, que soy tonta o que me dieron el cargo por tener buena pinta”, así de crudas fueron las críticas que tuvo que afrontar al ser nombrada como gerente de la Corporación de Turismo de Coquimbo, ¿la razón? Es educadora de párvulos y no abogada o ingeniera.  Pero Antonieta levantó la frente y se dirigió rauda hacia el desafío; esta es su historia.

“Hola, tengo todo listo, encargué sushi para que almorcemos mientras conversamos”, esas fueron las primeras palabras de Anto o Toña, como la llaman sus más cercanos, al recibir a Revista Sarah en su cómodo departamento en Coquimbo. Nos citó en horario de almuerzo para no interrumpir sus tiempos de trabajo, pues estamos en plena temporada alta. Y es que esta mujer de 41 años es la encargada de “cambiar la cara de Coquimbo” según nos contaría más adelante, y el verano para ella es 24/7.

A diario debe compatibilizar actividades tan diferentes como la presencia de la ciudad puerto en ferias internacionales, con actividades que resaltan la idiosincrasia local como “El día de la macha” en una caleta.  Y todo esto lo hace con una cargada impronta femenina, preocupada de verse bien y de destacar en un mundo hecho a la medida de los hombres. A menudo la vemos en los diarios lanzando temporadas o campañas, pero quisimos ir un poco más allá, por ello le quitamos el cargo, la sacamos de su escritorio y quisimos hablar simplemente con la mujer. Ella es Antonieta Neira.

Nació en La Serena, estudió en el Sagrados Corazones, y señala haber sido una niña alegre, histriónica y con gran gusto por la música a la que acude en momentos de estrés o de mucho movimiento. En su playlist no pueden faltar Beto Cuevas, Los Prisioneros y Nicole. “Vengo de una familia muy trabajadora” señala, casi como una justificación para no haber tomado una licencia médica en años y llegar cada día a primera hora a su oficina.

Estudió Relaciones Públicas en tiempos en que era casi una locura, algo muy poco tradicional. Enfrentó la crítica de su círculo quienes señalaban que ella ya lo era sin necesidad de estudiarlo. Partió desde La Serena a Viña del Mar, pero los planes cambiaron.

“Estudiando Relaciones Públicas me eligieron reina de la rosa, una corona que hasta hoy es muy importante en Viña, y ¿por qué te cuento esto? Porque en ese contexto es que tuve que ir al hospital Gustavo Fricke, y ahí me tocó ver a niños con cáncer, eso marcó un cambio muy fuerte, y me di cuenta de que debía estudiar Educación Parvularia y me cambié de carrera. Luego, cuando tuve que hacer la práctica, elegí hacerla en el mismo hospital y me enfrenté a algo muy difícil: todos los niños que estaban ahí fallecieron, fue una pena muy grande, imagínate lo que es eso. Hasta el día de hoy siento que todos esos niños me acompañan.

¿Qué pasó con tu familia frente a este cambio de carrera?

¡Tengo una familia maravillosa! En ese tiempo estaba mi papá que falleció hace dos años, y mis dos mamás, que son mi mamá de sangre y mi tía Raquele, hermana de mi mamá, que es mi madrina. Al principio me pidieron que terminara primero Relaciones Públicas, pero finalmente haber optado por Educación Parvularia fue muy positivo en todo sentido.

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DE VUELTA A LAS RELACIONES PÚBLICAS

Tras titularse como Educadora de Párvulos, Antonieta vivió un vuelco en su vida, falleció su padre y tuvo que volver a vivir a La Serena. En ese momento, con la personalidad que la caracteriza, visitó al entrante alcalde Raúl Saldívar, a quien conocía por haber sido su vecino. Consciente de sus capacidades le pidió trabajo y así asumió como relacionadora pública de la Municipalidad de La Serena.

Tras un año en el cargo, le plantea al alcaldela necesidad de un Departamento de voluntariado. “El alcalde me dijo que no había recursos para eso, pero eso no me desanimó; comencé a investigar y conocí el ejemplo de Las Condes, los visité y me entregaron todo el programa. Ese programa era solo de voluntariado, pero yo le sumé el área de discapacidad. Finalmente se creó este departamento sin ningún recurso, a pura gestión”, recuerda.

Estabas muy bien en La Serena, pero vino un nuevo cambio y te fuiste a Santiago…

¡El amor! (ríe) En ese momento conocí a mi marido, él tuvo un nombramiento en Santiago y decidí acompañarlo. Y ahí vino un nuevo desafío profesional, trabajé en el área de violencia intrafamiliar en el Sernam.

Siempre te ha tocado trabajar con cosas muy fuertes…

Cada vez me siento con más fuerza, primero ver a niños que mueren de cáncer, trabajar con mujeres golpeadas, después estuve siete años en Gendarmería que fue otra experiencia tremenda.Image title

VAPULEADA POR SER EDUCADORA

¡Y vino otro cambio! Tras 10 años en Santiago volvió a su región, pero esta vez a la Corporación Municipal de Turismo. Es en este nuevo desafío que enfrentó, quizás, sus momentos más difíciles en lo laboral: fue criticada y vapuleada por ser educadora de párvulos.

“¡Tengo cuero de chancho!”, señala frente a las críticas recibidas, pero al mismo tiempo se emociona y recuerda momentos muy difíciles. Antonieta asumió la subgerencia de la corporación, pero “a los tres meses, el directorio a través de una votación me elige a mí como gerente. Ojo, esto no es designación del alcalde, hay un directorio que elige”.

¿Qué pasa a partir de ese nombramiento?

No fue fácil. Me he sentido menospreciada, vulnerada, ninguneada por mucha gente; me han criticado y también al alcalde porque soy educadora de párvulos y por no tener relación previa con el turismo, pero no conocen mi vida, lo empoderada que me he sentido en cada cargo que he ejercido.

¿Esas personas son del ámbito político?

Son de todo tipo, gente del municipio, uno que otro medio de comunicación, personas vinculadas al turismo que al principio también me criticaron, pero ¿sabes qué? Cada vez que me han ninguneado, a pesar de las lágrimas y la impotencia que he sentido, tengo un hijo y es mi refugio al final de cada día. Lo veo y se me pasa todo.

Te veo muy emocionada, ¿qué pasaba en tu interior con las críticas?

Ningunear una carrera, en mi caso educadora de párvulos, es como ningunear a una persona porque es pobre o porque tiene otra orientación sexual, y eso no puede ser.

Hay un dolor gremial ahí también, ¿no? ¿Sientes que se mira a las educadoras como un profesional de menor categoría?

Claro, acá no se me falta el respeto solo a mí, sino también a la educación parvularia en sí. Para mí la educadora es prácticamente la base de la sociedad, se trata de una carrera fabulosa y muy integral. Afortunadamente y gracias a todas estas críticas he sentido gran respaldo de parte de las educadoras. Imagínate lo que siente una colega al escuchar una crítica a mí en una radio solo por mi profesión, obviamente se sienten identificadas y solidarizan.

¿Qué palabras te dolieron particularmente?

Que no sé nada, que soy tonta, que estoy ahí porque tengo buena pinta, porque tengo bonitas piernas, porque soy ‘la señora de’; pero no ven mi trabajo, y en ese sentido la figura del alcalde Marcelo Pereira ha sido fundamental, ya que cuando tuve problemas me llamó y me entregó todo su apoyo y respaldo.

¿Ser educadora hace que le imprimas un sello de mayor sensibilidad a una gerencia?

Absolutamente. La gestión misma ha incorporado una mirada nueva, siempre se ve al turista como alguien con poder adquisitivo y nada más, nosotros hemos tratado de incorporar la mirada del niño para que también conozca los hitos turísticos, por ejemplo. Hemos impulsado la iniciativa de que niños en riesgo social de Coquimbo salgan a conocer su propia comuna como un mini turista; creo que de no tener la mirada de educadora eso no lo vería como una necesidad.

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ME PUEDEN ACUSAR DE QUE ME GUSTA LA ROPA, PERO NO DE SER MALA ADMINISTRADORA

Trabajólica y ordenada, así se define Antonieta, por ello es que le pareció irrisorio recibir la administración de la corporación con un presupuesto menor a $40 millones. Pero lejos de rendirse, asumió la administración con la convicción de “hacer el trabajo” que le pidió el alcalde: visibilizar a Coquimbo, ordenar la administración e inyectar recursos privados.

“He trabajado por ejemplo en que se reduzca el radio de poder del gerente de la corporación, alguien podría decir que yo misma me pongo la soga al cuello, pero lo hago porque yo no vengo a robar. A mí me pueden acusar de cualquier cosa, de que me gusta la ropa, por ejemplo, pero no de que no tenga un orden financiero perfecto en la corporación”, señala.

Coquimbo tiene un estigma de corrupción histórico, ¿cómo enfrentas eso?

Por lo mismo hemos tratado de ser muy ordenados en todo. Por eso te digo que valoro el apoyo de los concejales desde la UDI hasta el Partido Comunista, pues hemos recibido un apoyo muy amplio. Las corporaciones son muy mal miradas a nivel general, pero estamos haciendo una gestión transparente.

¿Por qué te gustaría que te recuerden cuando dejes el cargo?

Por hacer un cambio, por haber trabajado muy fuerte en cambiar la cara de Coquimbo, porque sea conocido a nivel país o internacionalmente. Siento que puedo hacer mucho por Coquimbo, podemos posicionarlo como una ciudad turística espectacular, mejorando el nivel de conocimiento de la gente sobre la comuna; las playas más maravillosas son de Coquimbo, no de La Serena.

¿Vendrías de vacaciones a La Serena o a Coquimbo?

¡A Coquimbo! (ríe) Los invito a todos a venir, pero no solo a Coquimbo comuna, sino a la Región de Coquimbo en general.

EL FACTOR “PATITO”

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¿Y cuándo eres la Antonieta sin cargo?

En la mañana cuando me levanto cada día a dejar a mi hijo Patito al jardín. Él es lo máximo para mí, es la personita que me robó el corazón, es lo principal en mi vida, además que me costó harto tenerlo.

¿Problemas de fertilidad?

Mira, yo me casé y pasaron cinco años antes de tener a mi hijo. No tenía un problema de salud, pero no podía quedar embarazada. Cuando me empecé a preocupar, una amiga me dijo ‘Anto, si tú eres tan creyente, pide ayuda” y en ese momento me fui donde la Virgen de Andacollo. Hice una manda y a los dos meses quedé embarazada, por eso mi hijo se llama Patricio Alberto Mariano, en agradecimiento a la Virgen de Andacollo y también al Padre Alberto Hurtado, a quien también acudí estando en Santiago.

ANTO, LA MINA.

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¿Cómo es tu relación con tu clóset?

Me encanta la moda.  Me visto con todo tipo de ropa, desde una marca conocida hasta una tienda de ropa usada, desde el taco aguja hasta zapatillas. Es que en general me gusta verme verme bien, arreglada, pulida. Y lo hago de forma autodidacta, no sigo mucho la moda, tengo un gusto muy definido y no me guío por tendencias.

Y en la estética, ¿te cuidas mucho?

Me cuido muy poco, iba al gimnasio y dejé de ir por tiempo así que comencé a hacer electrofitness. Tomo mucha agua mineral, siempre en la cartera tengo una botella.

No uso cremas en general, lo único que uso son unas cremitas para las manchas faciales que hacen en la Farmacia Peralta de Coquimbo, ¡una maravilla! Además tomo vitaminas para el pelo y un multivitamínico.

¿Y tus infaltables?

En cuanto a cosméticos, mi labial rojo. En general me maquillo poco, puedo no tener una gota de pintura, pero siempre llevo labial rojo.

Pero ¡el perfume no me puede fallar! No puedo estar sin mi Opium, que ¡ojo! Es considerado el mejor perfume del mundo.

Por trabajar en turismo debes viajar mucho, ¿qué es lo que no puede faltar en tu maleta?

Una chaqueta muy roquera que amo, y un par de zapatillas. Y siempre algo elegante como un vestido de fiesta negro y una cartera pequeña por si tengo que asistir a algún evento de noche. Soy de maleta pequeña, he aprendido con los años a llevar tenidas armadas antes de, para no llevar cosas que no usaré.

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Por: Horacio Pinto

Fotografía: Daniel Esquivel

Peinado y maquillaje: Innova 

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