Los rostros de la toma feminista de la ULS
Reportajes / Septiembre del 2018

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Hablemos de algo ilógico: una universidad es tomada por sus alumnas con una consigna clara: “no más abusos, acoso y discriminación”. ¿Qué es lo ilógico?, que en el año 2018 sigamos peleando por temas que debieron pasar a la historia hace siglos. Esta es la historia y los rostros de la toma que no tuvo nada de “rosado” y sí mucho de convicción.


El frío comenzaba a calar los huesos a mediados de mayo. Corría el día 15 cuando un grupo de estudiantes se tomaron los campus Isabel Bongard y Andrés Bello de la Universidad de la Serena (ULS). Al día siguiente, la toma se extendió al campus Ignacio Domeyko y para el 17 "cayó" el campus Enrique Molina Garmendia.


Hasta ahí nada extraño, sin embargo, esta vez el "los" estudiantes movilizados sería reemplazado por un gigante "las". La toma de la tradicional casa de estudios superior de la Región de Coquimbo era feminista y serían un grupo de mujeres movilizadas por una causa, por un sentimiento en común, gritando bien fuerte ¡basta ya!


La Asamblea de Mujeres Autoconvocadas de la ULS fue el movimiento que mantuvo por tres meses la toma, haciendo eco del llamado a nivel nacional. Las mismas participantes de esta movilización señalan que la mecha se prendió luego de que las autoridades universitarias decidieran firmar un protocolo contra el acoso, abuso y discriminación arbitraria dentro de la casa de estudios, documento elaborado a espaldas de los estudiantes. Por eso, como una vela en medio de la oscuridad, este grupo de mujeres tomaron las riendas y frenaron dicha firma.


Así, y luego de más de noventa días de discusiones, trabajo, peleas, descubrimientos, relatos estremecedores, marchas, perfeccionamiento y mucha sororidad, la ULS fue la primera universidad a nivel nacional a quienes le aprobaron el 100 % de su petitorio.




ROSTROS DE LA TOMA FEMINISTA


La Asamblea de Mujeres Autoconvocadas es una organización sin jerarquización, en la cual todas se representan y a la vez todas hacían de voceras por el movimiento, por lo que no había un solo rostro, todas eran una.


Pero obviamente sostener una toma por tres meses hizo surgir liderazgos y caras que se fueron haciendo comunes en los diferentes campus. Alumnas, que eran iguales a muchas otras, pero cuyas voces movilizaban y cuyos puntos de vista eran respetados.


LAURA, LA MATRIARCA


Laura Espinoza (28) es estudiante de Pedagogía en Inglés, y de inmediato recalca "no, vocera no soy, muchas veces he sido habilitada para poder hablar por la asamblea, pero como yo, podría ser cualquier otra". Señala que el movimiento de mujeres autoconvocadas comenzó a formarse antes de la toma, pero "muy de pasillo y nada articulado por campus".


Menciona además que buscaban implantar una forma de negociación horizontal, por eso "no tenemos representantes ni voceras, y eso marcó un precedente que el rector remarcó, porque nunca se había negociado así, de tú a tú. Nos dijeron que no lo lograríamos, pero lo hicimos, teníamos mediadoras en las reuniones y aprendimos de civismo".


Pero no todo fue color de rosas (literalmente). Laura explica que en un comienzo no sintió el apoyo de su familia y tuvo muchos cuestionamientos. “Ni mis hermanas ni mi mamá me apoyaban y me sentí inmensamente sola, pero cuando vieron todo lo que estaba haciendo, comenzaron a identificarse y a despertar", sostiene.


La lucha de Laura es fuerte, porque es mamá "y siento que todo es por mi hija que tiene 10 años. Estoy forjando las bases del mundo en que ella va a vivir. Mi hija fue mi pilar y fuerza dentro de este movimiento, y ella misma a su corta edad es consciente y es una semillita que ya le conversa de esto a sus compañeros".


Remarca que "soy algo mayor que la mayoría de las compañeras", y quizás por eso le agregaba algún sentido maternal a todo lo que hacía, de hecho, menciona que "dejamos el campus de 'la Colina' impecable. Fueron tres meses viviendo ahí, se formó una verdadera comunidad, cocinábamos y ordenábamos, se limpiaba el campus y es difícil lograr eso en un grupo tan grande. Además, teníamos en contra a media ciudad que nos atacaba. No fue fácil, pero aguantamos, nos unimos más y hoy somos amigas, hermanas, compañeras y nos apoyamos unas a otras. Fue plantar una semilla y ahora nos queda vigilar que el árbol crezca derecho".


JAVIERA, CONTRA EL MACHISMO EN INGENIERÍA


Javiera García (26) es estudiante de Ingeniaría Civil Ambiental, y señala que la toma y todo el movimiento "se hizo en base a mucho amor, tolerancia y valentía". Indica que, a su parecer, su facultad es "la más machista que tiene la ULS", ya que posee un porcentaje "tremendo" de hombres por sobre mujeres.


Añade que con las autoridades de su facultad "nos 'agarramos varias veces de las mechas', porque nunca nos sentimos apoyadas. Es que son ingenieros con el típico pensamiento 'cuadrado' y son de una edad que los hace pensar muy diferente a lo que buscábamos".


Menciona también que tuvo clases con uno de los profesores acusados de ser acosador e indicó que "en lo personal nunca me acosó directamente, pero sí sentía la presión de su discriminación hacia la mujer. Él se reía de nosotras y hacía comentarios en clases. Además, invadía tu espacio personal de una manera impresionante, te hablaba a dos centímetros de la cara".


Javiera es madre de una niña de 4 años y producto de ello también fue discriminada en su carrera. Recuerda que "fue en mi primer año, en donde tuve problemas de inasistencia y un profesor me dijo que no tenía por qué estar en clases, que debía estar con mi hija, hacerle la comida, lavarle la ropa y que estaba perdiendo el tiempo en la universidad porque nunca llegaría a nada".


Javiera además menciona que luego de volver a clases han tenido que cargar con una gran mochila, "sentía que me miraban y apuntaban diciendo 'mira ahí va la que no quería soltar la U'. Al principio queríamos mantenernos en el anonimato, que ninguna resaltara, pero fui una de las únicas dos mujeres que seguimos hasta el final en las asambleas del campus Ignacio Domeyko, por lo que estábamos completamente identificadas. Muchas personas me han hecho el comentario de que nos tomamos la U por cosas pequeñas y que ahora no nos pueden ni saludar, pero lo que hicimos no fue solo por nosotras, sino que por muchas personas”.




ALISON, LA LLANERA SOLITARIA


Alison Mondaca (21) es estudiante de Derecho. Apenas comenzamos la entrevista se preocupa de indicar que en su campus (Enrique Molina Garmendia) la toma "fue distinta", ya que no todas las carreras participaron, solo Derecho y Arquitectura, pues, asegura, “las demás nunca tuvieron una real motivación. De hecho, el último día de la toma éramos solo dos personas en el campus. No vi mucho apoyo de parte de las mismas mujeres con el movimiento".


Actualmente Alison se unió al centro de estudiantes de su carrera. Nunca había participado y ahora es la actual secretaria de género y sexualidad, un cargo que se creó gracias a la movilización. “Derecho también es una carrera muy machista, en donde muchas veces me tuve que callar para no responderle a distintos profesores que hacían comentarios misóginos todos los días, en donde me disminuían como mujer y como profesional. En primer año un profesor me dijo que cuando saliéramos de la universidad las mujeres tendríamos el título colgado en la cocina".


ANTONIA, LA VOZ MÁS JOVEN


Antonia Cortés (19), al igual que Javiera, es estudiante de Ingeniería Civil Ambiental y fue una de las personas de menor edad dentro de todas las tomas.


Revela que, para ella, este proceso de movilización se convirtió en un cambio de vida y de perspectiva, sobre todo porque hace muy poco terminó una relación en la que fue víctima de violencia. “De la misma forma que terminó mi relación terminó la de mis papás, entonces cuando empezó la toma yo no estaba bien, pero dentro de ella encontré mucho acompañamiento y apoyo, encontré gente que había pasado por lo mismo que yo y en realidad aprendí a perderle el miedo al otro género, porque andaba con temor de que un hombre se me acercara, que me pegaran, gritaran o que me pasaran a llevar nuevamente. En algún momento trapearon el suelo conmigo. Con la toma me di cuenta de que no estaba sola".


Asegura que en su casa el apoyo de su familia fue total. Remarca que su mamá fue violentada psicológicamente y ella sufrió violencia de más de un pololo, por lo que no era un tema ajeno. “Yo creo que en mi casa hasta el perro es feminista. Conversamos sobre el aborto al almuerzo, sobre la violencia en la hora de la once. Mi papá dejó de ser machista y cambió".


Antonia indica que dejó sudor y lágrimas en la toma y como muestra señala que "en medio de las últimas reuniones me dio apendicitis, me operaron y al otro día ahí estaba con los puntos en el consejo académico ampliado, porque no podíamos ceder en nada".


La menor de estas mujeres sí sufrió acosos y varios abusos de poder en su carrera, y recuerda que cuando entró un profesor les dijo en la primera clase "'¿qué hacen tantas mujeres acá?, si esto es ingeniería. Voy a venir más a clases'. En otra clase me dijo que bajara y me hizo estar parada al lado de él la hora y media sin hacer nada".


Pero también hubo otros episodios. Un profesor que tiene un prontuario sumamente grande dentro de la universidad "nos invitó a todas las mujeres a pasar adelante para 'ayudar' a un compañero con un ejercicio, y le dijo en tono sexual '¿alguna vez habías tenido tantas mujeres ayudándote?' y todos mis compañeros se rieron, mientras todas estábamos muy incómodas. Una vez estaba viendo unas fotos de una extranjera con otro alumno y me preguntó si yo tenía fotos porque él las quería ver. O cuando no iba a clases me decía, 'oye, te extrañé, ¿por qué no viniste?' y así lo hizo con muchas otras compañeras".


¿QUÉ ES FEMINISMO?


Laura: es equidad y educación. Me empodero de mi papel de docente en formación, porque me siento un actor social súper potente. Voy a formar criterios y tengo que saber qué tipo de personas voy a formar y siento que la educación es la palabra clave y eje en esto.


Alison: es equidad en oportunidades y condiciones. No entiendo cómo existe una jerarquía entre personas, si se supone que, como seres humanos, independiente de la biología, somos lo mismo. Una persona no debería tener más valor que otra solo por su género.


Javiera: es equidad, educación, amor, respeto, libertad y confianza. Tanto la educación y la equidad son imposibles de lograr si no hay amor y respeto entre una persona y otra. Tenemos que ser libres como personas y respetar las decisiones del otro. El día en que se logren unir estos conceptos podremos vivir tranquilas. Que a los hombres los dejen de molestar porque lloran y que a las mujeres les crean si les dijeron algo en la calle, pero estas palabras deben dejar de ser justamente eso y transformarse en acciones.


Antonia: es equidad. Es que hombres y mujeres estemos en las mismas condiciones en todos los ámbitos. Yo que soy estudiante de ingeniería, en mi vida laboral voy a estar rodeada de hombres y hoy no voy a tener el mismo lugar que ellos y eso no está bien. El feminismo es equidad en todo sentido, en oportunidades, salarios, horarios, y más.


¿QUÉ DICE EL PROTOCOLO?


Alison, quien trabajó directamente en la elaboración del protocolo, reveló que le presentaron su versión del protocolo al Consejo Académico Ampliado, a las facultades, estudiantes, gremios y en general todos los estamentos de la ULS, quienes hicieron varias correcciones en el camino. "Hubo un trabajo de igual a igual, en donde ellos nos presentaron sus correcciones y nosotros les aclaramos ciertos puntos. Participaron todos, que es como nos hubiese gustado que se trabaje desde un principio, porque todos los estamentos tienen sus propias necesidades y conocen su propia realidad".


El protocolo consta de tres títulos, que se entrelazan unos con otros y en el que en primera instancia realiza diferentes tipificaciones de lo que puede llegar a acontecer un sumario. Así por ejemplo se describe lo que es violencia de género, o qué es consentimiento, lo que no es consentimiento, el acoso sexual, la acción sexual no consentida, exhibición, exposición y voyerismo sexual, el acecho, comportamientos asociados a la violencia sexual y de género, discriminación arbitraria y acoso laboral.

El segundo título abarca la creación de un centro de atención de denuncias y prevención de acoso, en el cual se va a hacer recepción de todas las denuncias y que contará con profesionales idóneos para trabajar desde el área de la salud, hasta la legal que trabajará para revisar la admisibilidad de las renuncias. Mientras que el tercer título señala el procedimiento para la intervención en caso de acoso, violencia o discriminación.




Por: @elwndelabarba

Fotografía: @daniel_esquiveles

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