Mujeres al Mando: Empresarias que innovan, lideran cambios y generan empleos
Entrevistas / Octubre del 2021

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Según datos de la Dirección del Trabajo, en Chile “la inserción de las mujeres al mercado laboral es relativamente tardía y una de las más bajas de América Latina”. De hecho, solo 3 de cada 10 puestos de trabajo son ocupados por mujeres, y la cifra se vuelve aún más negativa si pensamos en la naturaleza de dichos empleos, que en general son de menor calificación y remuneración. 


Por otra parte, según un reciente reporte de la OCDE, “entre trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres suman 12 horas más de trabajo que los hombres en una semana”. ¿Por qué entonces representan solo un tercio del mercado laboral y perciben en general menos ingresos? Las respuestas pueden ser disímiles o incluso podrían ser obvias: hijos y familia podrían ser algunas de las causas o, según apunta la misma OCDE, existe una falta considerable de beneficios gubernamentales que promuevan el acceso de las mujeres al trabajo compatible con el hogar.


Lo anterior se ha visto brutalmente acrecentado los últimos dos años producto del Covid-19, pues en un escenario global de desaceleración económica, nuevamente han sido las mujeres quienes más han perdido. De hecho, la OCDE estima que, para el caso de Chile, el avance de las mujeres en el mercado laboral ha retrocedido al menos en cinco años, es decir, volvimos al punto en que nos encontrábamos el 2017 (según un análisis de PwC Women in Work Index, que mide el empoderamiento económico de las mujeres en 33 países de la OCDE)


Sin embargo, no todo es negativo, pues las mujeres han incrementado su liderazgo en emprendimientos y pymes nacidas los últimos dos años, demostrando una vez más que ante la adversidad, el mal llamado “sexo débil” en realidad es bastante fuerte, ya que 4 de cada 10 pymes creadas recientemente son fundadas o lideradas por mujeres.


Ahora bien, si vamos más allá de las cifras oficiales de mercado laboral, y pensamos en algo más específico como el liderazgo femenino, la cifra disminuye aún más. En Chile, solo el 20 % de los cargos gerenciales son ocupados por mujeres. Por ello resulta tan importante que existan empresas fundadas por mujeres, quienes, según datos del Portal de Mujeres Empresarias, ven como principal motor de emprendimiento el acceder a mayores ingresos, y, en segundo lugar, se ubica la posibilidad de compatibilizar trabajo y familia.


Y aunque la cifra de mujeres que deciden crear sus propias empresas va creciendo cada año, los porcentajes respecto de los hombres aún son muy bajos. ¿Un ejemplo?, solo un 1.4 % de las empresas comandadas por una mujer se puede considerar una “gran empresa”, mientras que más del 50 % de ellas es una “microempresa”. Un pequeño aliento en el universo presentado es una favorable cifra que representa el Estado, pues según información del Servicio Civil, para los cargos de Alta Dirección Pública, “del total de nóminas que incluyen mujeres, en 3 de cada 4 casos el Presidente de la República las nombra en el cargo”.


En este escenario es que resulta por completo plausible la existencia de mujeres que hoy crean empresas, generan empleos y por consiguiente contribuyen a nuestra golpeada economía. Pero más allá de las cifras más o menos favorables, tras cada empresa liderada por una mujer hay mucho más que una historia de emprendimiento y trabajo. En general, existe una dosis extra de esfuerzo, horas de trabajo y dificultades. Bien lo saben Verónica, Constanza, Yanina y María Graciela, todas empresarias de la Región de Coquimbo, quienes conversaron con Revista Sarah desde sus muy distintos rubros, pero con un factor en común: hoy generan empleos y “empujan” a nuestra economía.




EL ESTILO DE VERÓNICA GREZ



Si preguntamos a las mujeres de La Serena, la gran mayoría conoce la “marca Verónica Grez”, y es que esta mujer lleva 35 años vistiendo a las mujeres del norte, por lo que dice conocer a la perfección el gusto de sus clientas que la retribuyen con hasta tres generaciones de confianza.


Verónica creció viendo trabajar a su abuelo, quien llegó desde Siria y se instaló con su familia en Vicuña, en pleno Valle de Elqui. “Era comerciante, salía a vender géneros por los cerros”, recuerda. A los 13 años Verónica perdió a su padre y se vio obligada a trabajar. De este modo, a muy temprana edad comenzó su vida en el comercio, y siendo aún muy joven logró reunir dinero suficiente para comprar su primera propiedad. “Podría haberme comprado un auto, pero sabía que una propiedad jamás se devaluaría”, recuerda. 


Más de 30 años después, se ha convertido en una reconocida empresaria de la moda. Tiene una tienda desde hace más de 20 años y hace muy poco tiempo inauguró un centro comercial que, entre otras cosas, alberga una cafetería y varias tiendas en calle Juan Soldado, de La Serena.


Consciente de su buen gusto, Verónica importa ropa y zapatos desde Italia y Turquía, y lleva vistiendo a varias generaciones de mujeres de La Serena, porque según afirma, se genera una suerte de herencia de estilo que ella valora y ve como un reconocimiento. “A veces va una clienta de años, y trae a su hija a comprar su vestido de graduación a la misma tienda donde ella compró el suyo hace años”.


Vero, 4 de cada 10 emprendimientos son liderados por mujeres, pero solo un 20 % de las empresas tienen a una mujer a la cabeza, ¿por qué crees que pasa esto?


Es difícil ser mujer liderando equipos y eso se explica en el machismo. Pero hoy las mujeres estamos haciendo más cosas. Me pasa con mi centro comercial: me preguntan quién es el dueño y cuando salgo me miran raro por ser mujer, porque esperan a un hombre y si es mujer creen que es la esposa del dueño o creen que te han regalado un negocio. Pero en mi caso no es así.


Y a propósito del machismo, por otra parte tenemos la sororidad; ¿son sororas las mujeres en general?


Yo no tengo rivalidad con otras colegas, las respeto bastante. Cuando una clienta necesita algo que no tengo, las derivo a otras tiendas. Me pasó hace poco con la dueña de Lily Boutique, a quien yo a veces derivaba clientas, que, sin conocerme, un día llegó a felicitarme y a llevarme un regalo. No hay rivalidad entre nosotras. 


Desde tu perspectiva ¿qué significa ser tu propia jefa?, ¿qué es lo bueno y lo malo?


A uno le acomoda porque no tienes horarios, pero en mi caso yo sí me creé un horario y lo respeto. Yo soy mi jefa, yo tengo que estar, los sábados también trabajo, me exijo yo misma. He tratado de hacer las cosas lo mejor posible. No dejar a mis cuatro hijos de lado y la casa tampoco.


Tu trabajo no termina cuando te vas de la tienda, ¿cómo ha sido compatibilizarlo?


A mí me gusta mucho lo que hago. Cuando llego a mi negocio es el minuto donde soy feliz. Me gusta el contacto con la gente. A veces me piden asesorías y feliz haciéndolo; la verdad soy bien inquieta.



Imagino que tienes clientes súper frecuentes…


Obvio, y ya le conozco los gustos a mis clientas y traigo cosas pensando en ellas. Tengo un grupo de clientas selectas a las que les aviso que tengo una nueva colección, y vienen de inmediato a la tienda.


Que hayas construido un strip center y que existan empresas que quieran estar ahí debe ser un espaldarazo fuerte, ¿lo ves así? 

Sí, afortunadamente tenemos todo arrendado, y claro, uno agradece la confianza. Tenemos peluquería, barbería y boutiques. Yo creo que el strip center ha ayudado a generar trabajo, y es muy rico verlo lleno de gente. Que a las personas les guste el lugar es una gran satisfacción. 


¿Te ha tocado renunciar un poco a ti misma por el trabajo?


He renunciado a algunas cosas como mujer. Una se deja menos tiempo para una misma, como el gimnasio, o algo tan simple como ir a hacerse las uñas. Afortunadamente en el strip center tenemos una peluquería, así que ahí me arranco un ratito, para darme ese tiempo necesario.


En esto difícil del emprendimiento, ¿en algún momento quisiste tirar la esponja?


Nunca he querido tirar la esponja. Lo más difícil fue el estallido social, la preocupación de que te rompieran todo lo que acababas de construir. Y después con la pandemia, donde paramos tres meses y había que seguir pagando sueldos, gastos comunes y préstamos. Yo creo que eso ha sido lo más difícil que me ha tocado.  


Si tuvieras que crear una receta del éxito femenino, ¿qué ingredientes tendría?  


Hacer lo que te gusta y hacerlo con pasión.


Desde tu perspectiva, ¿por qué crees que no hay más mujeres liderando empresas y generando empleo?


Creo que es un poco de miedo. Las mujeres le tienen miedo a la ciudad, a poner algo y que desaparezca luego, que no fluya el negocio, pero siempre he creído que hay que arriesgarse.


¿Cuál crees que es ese sello que las personas recordarán de ti?


Recordarían a la Verónica Grez que lleva 20 años en La Serena vistiendo a niñas, adolescentes y mamás con dedicación y cariño por lo que hago. De repente llegan mamás diciéndome “usted me vendió el vestido de graduación”, tienen esos recuerdos y lo encuentro maravilloso. Eso me hace pensar que he aportado con un granito de arena.




EL SAZÓN DE CONSTANZA FERNÁNDEZ 


Cuenta como anécdota que en sus primeras reuniones con otros empresarios gastronómicos de la zona la miraban con cara de “¿quién esta niñita?”. Y claro, por haber iniciado su negocio ―el restorán Santorini― a muy temprana edad, llamaba la atención de sus pares. Sin embargo, su juventud no ha sido impedimento para lograr construir una marca muy fuerte, que se refleja en el éxito diario de su solicitado restorán. 



Tiene 28 años y desde muy joven supo qué quería consagrar en el rubro gastronómico. Su familia se dedicaba a lo mismo, por lo que recuerda que prácticamente creció en restoranes. Cuando comunicó a sus cercanos que abriría su propio restorán, se encontró con gran escepticismo, pero perseveró y hoy los resultados hablan por sí solos.


Santorini se ubica en un local que antes albergó otros restoranes y que por diferentes motivos cerraron. A pesar de estar frente a la playa, no se encuentra en la zona más visitada de la popular Avenida del Mar en La Serena, pero nada hizo titubear a la joven cuando abrió por primera vez las puertas, hace ya tres años. Hoy destaca por su cocina mediterránea con influencias e ingredientes endémicos. “No puedo vender los mismos platos que venden en todas partes, por eso creamos una carta propia, que incluye sabores de la región”, comenta.


Constanza, las mujeres empresarias son minoría, ¿a qué crees que se debe esto?


En el rubro gastronómico somos muy pocas, pero cada vez esto se va abriendo más para las mujeres y eso es muy power. 


¿Te ha costado más por ser mujer?


A veces siento que sí, entre mis pares, por ejemplo. A veces voy a una reunión donde hay puros hombres y yo soy la única mujer, ¡y más encima joven!, por lo que genera un poco de risas y comentarios del tipo “¿ella es la dueña del Santorini? Y tan jovencita”. 


¿La frase “ser tu propio jefe” qué significa para ti?


Mucha responsabilidad, porque uno está 24/7. Cuando eres trabajador dependiente, trabajas en tu horario y luego te vas a la casa. En cambio, cuando eres independiente, te vas a acostar pensando mil cosas operacionales del local. Pero, por otra parte, también está la libertad de ser tu propio jefe.


¿Pero existe libertad realmente?, ¿te permites descansos y vacaciones?


Yo abrí Santorini hace tres años y recién este año estoy dándome un poquito de libertades, porque crearlo y levantarlo fue un desafío grande, muy grande para mí. De hecho, cuando le dije a mi mamá que tomaría este local me dijo que era “yeta", que estaba embrujado (ríe) y fue un desafío porque yo lo quería tirar para arriba, ¡y lo logré!


¿Hay hombres en tu equipo de trabajo?


La mayoría son hombres y la verdad me llevo mejor con los hombres. Me cuesta trabajar con mujeres porque son más sensibles, más subjetivas, tienen más matices. En cambio, al hombre tú le dices “por favor, haz esto” y lo hace, y ya.  La mayoría de mis garzones de Santorini son hombres.


¿Es difícil compatibilizar tus tiempos de trabajo con tus tiempos de hija, amiga o polola?


Es demasiado difícil compatibilizar todo porque el rubro en el que trabajo es el gastronómico, la entretención. ¿Qué significa esto? Que el día de la mamá, el papá, día del amor, del niño y todas las fechas en las que tú quieres hacer algo o salir a comer, para mí son los tiempos más fuertes. Entonces siento que a nivel de pareja alguien que entienda mis horarios, mis tiempos y mi vida, es complicado. A nivel familiar también, porque en Navidad y año nuevo tengo que trabajar. 


¿Has tenido que dejar algo de lado por estar trabajando?


Sí, claro que sí. De repente no tengo tiempo para hacerme las uñas, ir a la peluquería y todo eso. Si me comparo con otros rubros es distinto, a veces estoy pasada a comida o manchada de aceite porque me toca entrar a la cocina. Por todo lo que te he contado, siento que he perdido parte de mi lado femenino. Estoy todo el día en el restorán porque es la única forma de levantar un negocio. Hay que estar, hay que darle y hay que estar preocupado de todos los procesos, de solucionar problemas. 


¿Crees que entre mujeres empresarias existe un ambiente sororo o es solo un discurso? 


Creo que sí existe un ambiente de sororidad. Conozco a otras empresarias y siempre nos estamos apoyando, siempre tirándonos fuerza y, cualquier cosa que necesitamos, contamos con nosotras. También lo veo en los hombres que alaban que las mujeres seamos power. Siento que los hombres notan eso.


¿Qué ha sido lo más difícil de estos tres años?


A veces siento que sacrificar mi juventud, porque me enfoqué tanto en el trabajo que no disfruté. Conozco gente de mi edad que está carreteando y viajando y yo me he privado de eso. Ahora estoy tratando de disfrutar más. 


¿Has pensado en tirar la esponja?


Sí, lo he pensado miles de veces, pero me freno porque amo lo que hago. Es mi pasión. Amo la atención a los clientes, la comida. Todo esto me apasiona muchísimo.


Si pudieras creer una receta del éxito femenino, ¿qué ingredientes tendría?


Persistir, esa es la clave del éxito. Y si algo no resulta la primera vez, insistir e insistir, hasta que lo logres. Luego lo perfeccionas, lo sabes al revés y al derecho. Creo que esa es la clave. 

¿Por qué crees que no hay más mujeres en puestos clave?


Creo que eso pasa por un tema de las empresas. Siempre se busca al hombre porque el hombre es más sencillo, más básico; la mujer tiene más matices, tiene más amplitud, ve más colores. Las mujeres somos power y podemos hacer mucho más que los hombres. 


Si desaparecieras mañana, ¿cómo te recordarían?


Como una chica trabajadora, trabajadora a morir. ¡Siempre trabajando!


¿Y la clave del éxito de Santorini?


Mostrar una propuesta distinta porque cuando llegué, la carta del restorán anterior tenía lo típico y yo no quería eso. Quería trabajar cosas endémicas que caracterizaran a la región. Creo que cuando un turista viene quiere probar cosas que son de la región. 




LA VISIÓN DE YANINA

 

A diario tratamos de acortar brechas, de eliminar prejuicios y de disminuir las frases “es de hombre” o “es de mujer”, pero inevitablemente hay rubros que socialmente son considerados masculinos o femeninos. En este escenario se encuentra Yanina, quien lidera una empresa constructora. Un rubro dominado —hasta ahora— mayoritariamente por hombres, pero en el que se ha consolidado con seguridad y confianza, y sin dejar de lado su lado femenino. De esta forma, ha eliminado los añejos prejuicios propios de su área, siempre sobre sus brillantes tacos.

 

Si la viéramos caminando por un mall, jamás imaginaríamos que Yanina Espinoza tiene una oficina al interior de un galpón del barrio industrial de Coquimbo. Y es que esta mujer con “pinta de modelo” es la gerente de Sodival, empresa que fabrica y comercializa ventanas de vidrio, desenvolviéndose con éxito en el “masculino” rubro de la construcción. 

 

Lleva 20 años en esto y hoy con orgullo señala que, a nivel regional, su empresa “actualmente lidera la construcción de PVC, termopaneles, ventanas de aluminio, y en general todo lo que tiene que ver con las ventanas y sus soportes”.

 

 

¿Ha sido duro emprender en un rubro que para muchos es hipermasculino?

 

El emprender siempre ha sido complicado, independientemente de si es hombre o mujer. Pero en mi rubro hay ciertos estigmas, se piensa que quizá las mujeres no podemos llevar este rubro y sí podemos; yo lo he logrado, y he conseguido que las personas respeten mi opinión, y respeten mucho lo que yo hago. Realmente no ha sido fácil, pero a la vez he podido mantenerme por 20 años liderando una empresa con 40 personas trabajando en ella.

 

Pero el liderazgo llevado a la práctica, ¿es más complejo para una mujer?

 

Sí, es que como te decía, hay estigmas cuando tú te presentas como mujer liderando una empresa. Pero hoy las mujeres estamos tan empoderadas, tan resueltas en varias áreas, que cada vez esos prejuicios van siendo menos. Quizá por mi experiencia y porque ya me conocen ha sido distinto, y he logrado mantenerme en el tiempo y ser respetada como empresaria.

 

Tocaste un tema interesante: tu propia empresa, tu equipo. ¿Te costó validarte con ellos?

 

Al principio es chocante para ellos que su jefa sea una mujer. Te hablo de las personas nuevas, quienes se van integrando en el tiempo. Cuando ven que yo conozco todo el proceso de las cosas, piensan ¡qué raro que una mujer esté en este rubro “más masculino”! Pero cada vez esto se va abriendo más. Ahora tengo a una mujer chofer. Nunca había tenido una y ella anda en mis camiones grandes repartiendo las ventanas. Quiero darles espacio a las mujeres en distintas áreas, además de la administrativa y aseo. Quisiera tener en mi empresa un grupo de maestras mujeres, que pudiesen trabajar a la par junto a mis maestros.

 

¿Qué involucra para ti ser tu propio jefe?

 

Los beneficios son bastantes: dispones de tus tiempos, pero eso se va dando, no sucede desde el comienzo. Al principio uno tiene horarios extensos, trabajas más duro, pero ya cuando te consolidas puedes tener ciertas regalías y puedes darte ciertas libertades. Ser tu propio jefe no es fácil, pero con el correr del tiempo puedes disponer de ciertas cosas agradables.

 

En pandemia fue bastante duro ser mi propio jefe porque tuve que resolver cosas que escapaban de mis manos. ¿Cómo sobrevivir cuatro meses sin tener trabajo? Hay personas que dependen de mí; tengo contratos que pagar y cumplir cosas. Eso es muy fuerte.

 

En otras entrevistas hemos visto que las mujeres lideran equipos bien heterogéneos, pero en tu caso es más de puros hombres…

 

Al principio me costó ganarme su respeto. Soy bastante femenina, entonces no se nota que quizá pueda saber los procesos y las cosas que van pasando día a día. Creo que me creen que sé de negocios o de lo administrativo, pero cuando me toca corregir algo a un maestro, y ven que hay conocimiento y técnica, te ganas su respeto.

 

¿Cómo compatibilizas tu vida personal con la familiar y el trabajo?

 

No tengo hijos, eso es importante. Hace unos años gané el concurso Miss XL de La Serena, algo totalmente inédito para mí porque mi mundo era totalmente de trabajo empresarial. Me atreví a hacer algo en mi vida que era solo para mí. Participé en ese concurso y de ahí para adelante cambió mi vida. Comencé a modelar ropa XL para distintas tiendas, me empecé a hacer conocida por estar empoderada con la talla que tenía en ese tiempo. Luego empecé a preocuparme por mi salud y me hice un bypass gástrico. Adelgacé y ahora mi vida es otra; ahora practico deporte y cambié muchos hábitos.

Creo que dirigir una empresa o desarrollar cualquier trabajo sí te deja tiempo para una vida con matices. En mi caso dedico mucho tiempo a mi familia, a mis padres y hermanos. Trato de organizarme, y de lunes a viernes llevo una vida de mucho trabajo, mientras que sábado y domingo los destino a disfrutar. 

 

¿Te has visto expuesta a situaciones de machismo?

 

Sí, pero cada vez menos, y se agradece. Yo creo que es porque hay mujeres liderando muchos lugares y cada vez vemos menos, o enfrentamos menos, esa forma machista de los hombres. No me considero una feminista extrema, pero siempre pongo parámetros y por lo menos en mi empresa, siento que cada vez hay más respeto.

 

¿Has visto postergado o suprimido tu lado más femenino por el trabajo?

 

No, yo siempre me he dado el tiempo. He logrado que me identifiquen por ser una mujer bastante femenina en este rubro y me lo hacen saber mis clientes. Me dicen: “Qué gusto que una persona como usted me atienda”, “qué bueno que una persona como usted me reciba”. Siempre he dejado tiempo para arreglarme, sobre todo los fines de semana. Hay personas que van a mi casa a arreglarme las uñas o el pelo. Siempre me he arreglado, desde que soy muy pequeña.

 

¿Consideras que el ambiente empresarial es sororo?, ¿lo fomentas tú?

 

Sí, yo soy una persona que apoya bastante a las mujeres. Me di cuenta en pandemia de que soy sorora, siempre estoy dispuesta a ayudar y ser empática.

 

¿Qué ha sido lo más difícil de emprender?, ¿pensaste en tirar la esponja alguna vez?

 

Soy bien tozuda. Siempre he luchado por mis metas a largo o corto plazo. Soy muy atrevida y tengo seguridad en lo que hago. No he pensado en tirar la toalla jamás (ríe).

 

 

Si pudieses crear una receta en el liderazgo femenino ¿qué ingredientes tendría?

 

Seguridad, trabajo y empuje. Lo que destaco totalmente es la seguridad en lo que una está haciendo. Cuando tú das seguridad de lo que haces, la gente que está detrás de ti se siente segura.

 

¿Por qué no hay más mujeres ocupando cargos como el tuyo?

 

Yo creo que es miedo y el machismo que no ha sido totalmente eliminado. Por otra parte, a las mujeres nos ponen más trabas, en cambio para los hombres todo es más fácil.

 

 

¿Cómo te gustaría que te recordaran?

 

En realidad, me gustaría que me recordaran como una persona luchadora, trabajadora. Alguien que luchó por sus sueños y que los logró cumplir, que siempre fue muy alegre y optimista.



EL POWER DE MARÍA GRACIELA ORTIZ

 

 

Tiene tres hijos, y jamás les revisó los cuadernos para ver si hacían o no las tareas. “¡Quería que fueran independientes!”, señala. Y quizás la misma premisa le ha servido para liderar empresas en rubros tan distintos como el cultivo de algas marinas o la medicina estética. Hoy, Graciela se dedica a empoderar a sus propios equipos de trabajo, pero también a otras mujeres para que se atrevan a emprender.

 

Estudió Biología Marina, pero al corto tiempo se dio cuenta de que, a pesar de que Chile posee extensas costas, no había mucho campo laboral para su carrera, “¡y menos aún si eres mujer!”, afirma. Cuando egresó de la universidad, y tras haber realizado varios estudios en cultivos de algas con pescadores de Coquimbo, María Graciela Ortiz decidió crear una empresa junto a su marido para comercializar estos productos.

 

Al poco tiempo, la joven empresaria ya abastecía con sus algas a gran parte de la demanda exportadora de algas del norte de Chile, y con ayuda de su padre, quien se dedicaba a las asesorías de comercio exterior, comenzó a exportar directamente las algas. A dos años de salir de la universidad, ya era una empresaria exportadora.

 

 

De las algas saltaste a la estética y abriste una clínica, ¿cómo fue ese giro?

 

Las algas me llevaron al tema estético. En uno de los viajes que hicimos trabajando en la diversificación de algas a Francia, me recorrí todos los spas que hacían tratamientos estéticos, cosméticos y médicos con algas, y llegué a Chile fascinada con eso. Cuando regresé al país le comenté a mi hermana, que es ingeniero comercial y siempre se ha dedicado al área médica, y me dijo que teníamos que instalarnos con algo así acá. Nuestra idea principal fue abrir un centro de tratamientos de belleza a base de algas ¡y fue un fiasco! Fue muy difícil, ya que las personas siguen acostumbradas a los tratamientos tradicionales.

 

¿Es más difícil liderar siendo mujer?


Absolutamente, sí. En mi caso, sabía qué era lo que tenía que hacer, pero fue muy difícil, ya que en mi rubro trabajo con puros pescadores artesanales, recolectores, orilleros y buzos, todos hombres. 


La primera empresa que tuve fue con mi padre y con mi marido y llegaba a la playa a negociar precios, a pagar y me decían “mientras no llegue el caballero no vamos a negociar nada con usted”, solo porque yo era mujer, entonces me tuve que imponer. Y les decía “si ustedes van a esperar a que llegue el caballero se van a morir esperando, porque aquí la que negocia soy yo, así es que este tema lo ven conmigo, porque el caballero se dedica a la parte productiva, y el otro caballero a la parte de exportación, así es que la negociación es conmigo o no lo es”. Y por supuesto que eso les molestaba mucho. A veces yo llegaba a las caletas y me ponían las mallas para que la camioneta no pasara, así como para enfrentarme.

 

¿Cómo lograste superarlo?

 

Me hice amiga de una pescadora artesanal y yo no daba marcha atrás porque era lo que tenía que hacer. No me veía en otra pega. Y esta pescadora me ayudó mucho, me dijo lo que tenía que hacer para ganarme el respeto. Un día me pusieron las mallas para que yo no pasara, quedaron atrapadas debajo del auto y pasé con la camioneta y eché abajo un montón de artilugios de pesca y se me fueron todos encima. Así es que me enfrenté y les dije que “¿hasta cuándo me ponen las mallas?” y nunca más lo volvieron a hacer. Me aprendieron a respetar.

 

Desde tu perspectiva y experiencia, ¿cuáles son los beneficios y problemas de ser tu propia jefa?

 

Los beneficios de los que siempre hablan es que una maneja sus propios tiempos, pero eso es mentira, es una tremenda mentira, porque cuando una es su propia jefa trabaja el doble, el triple, trabaja los fines de semana y no hay tiempo para nada. Entonces cuando manejas tus propios tiempos es hasta por ahí no más.

 

Lo más difícil para mí, pero por otro lado también lo más gratificante, es que hay un grupo humano que depende de ti: personas que se han comprado su casa, su auto. Entonces lo más difícil y la presión que siempre existe es que si yo fracaso los voy a decepcionar, y eso es estresante.

 

 

¿Cómo compatibilizas la vida personal y la laboral?

 

Tengo tres hijos y tengo tres hijos únicos. Cuando digo esto se ríen porque los tengo separados cada 10 años: el mayor tiene 33, el segundo 24 y mi conchito tiene 14 años, entonces nunca me encontré con tantos hijos, digamos todos juntos. Es muy difícil compatibilizar porque las mujeres estamos pendientes de todo, los colegios, las tareas, los hijos y la casa. Nunca he sido una madre culposa por no estar más presente. Primero, porque una maneja sus tiempos: si no puedo estar yo está el papá y en ese sentido distribuimos la pega bien.

 

 

¿Es sororo el ambiente empresarial?

 

No siempre y muchas veces son otras mujeres las que chaquetean y eso no es bueno. Hoy en día eso ha ido cambiando. Yo fui presidenta de una asociación de mujeres empresarias por muchos años, donde nuestro espíritu era apoyar a más mujeres para que tuvieran sus propios emprendimientos y sus propios negocios y lo lográbamos.

 

Hoy pertenezco a una asociación nacional, llamada “Hay mujeres”, a través de la cual queremos demostrar que hay mujeres en todas las áreas de empleabilidad disponible y que somos mujeres expertas en distintas áreas. Hay una tremenda sororidad en estos grupos.

 

¿Pensaste alguna vez en tirar la esponja?

 

Sí, alguna vez pensé que quería que alguien me pagara el sueldo todos los meses y no hacérmelo yo, y no estar pendiente de tener que generar recursos para pagar sueldos yo misma. Postulé a algunos trabajos y nunca quedé, pero fue lo mejor que me pudo haber pasado, porque como sentí y experimenté ese sentimiento de “no quedé por ser mujer”, ahora con mayor razón voy a demostrar que como mujer lo hago mucho mejor.

 

Si pudieras crear una receta para el éxito y el liderazgo femenino, ¿qué ingredientes tendría?

 

Pasión, paciencia y resiliencia.

 

¿Cómo te gustaría que te recordaran?

 

Como una mujer competitiva, pero consigo misma, y como una persona generosa. Siempre he tratado de ayudar o apoyar a mujeres para que también emprendan. #SARAH


Por: Gustavo Inostroza y Horacio Pinto

Ph: @_sebastiandre_

MUA: @makeupwoman_bynilsa

Hairstyle: @hairstylist_cote

Locación: @espacioamanda

Dirección: @luisynilo


Este reportaje ha sido financiado gracias al aporte del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social 2021


    

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