Nico Oyarzún: Tuve la cuea de nacer con ojos claros
Entrevistas / Diciembre del 2017

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Talentoso, tranquilo y crítico; así es Nico Oyarzún, quien se toma con humor lo de ser “el más galán” de la teleserie y no se aproblema con tomarse 40 fotos seguidas con las fans. Este querido actor no tiene problema en decir “weón”, en declararse “piscolero” y en decir “sí, por favor” al matrimonio igualitario.

Deberíamos partir esta entrevista con su impecable trayectoria, con sus trabajos en teleseries, con su vida amorosa o con su infancia en Viña del Mar. Pero Nicolás Oyarzún fue recientemente elegido por el público como el “más galán” de la teleserie “Perdona nuestros pecados” de Mega, y aunque prefiere que se hable de su trabajo, sin duda este ha sido tema recurrente de sus últimas semanas.

Fuiste elegido como el actor más guapo…

¡Chile, país generoso! (ríe). Mira, te mentiría si te dijera que no me gusta que me hayan escogido el galán de la teleserie, me llama la atención, pero no me quita el sueño. El éxito en general de la teleserie ha sido bastante potente, es muy positivo sentir el cariño de la gente y darte cuenta que casi todo Chile está viendo tu trabajo. Yo había estado en teleseries exitosas, pero nunca en un fenómeno.

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¿Sientes que tu vida cambia cuando eres parte de un boom como el que vive “Perdona nuestros pecados”, y con ello también tu propio boom?

No, porque yo tengo mis vías de escape súper marcadas, que es mi relación de pareja con la cual ya llevo hartos años. Ella no es actriz, la gran mayoría de mis amigos no son actores, así que tengo una desconexión inmediata a la hora de salir de la tele.

¿Y tu círculo de “no-actores” comprende esto de que se acerquen a pedirte fotos, o la fama en general?

Mira, yo por ejemplo estuve en Caleta del sol, que fue una de las teleseries menos vistas de la historia, donde claro, nadie te veía y por tanto no había mucha foto. Pero en mi círculo de amigos hay un animador de televisión que ha pasado por momentos muy exitosos, Jean Philippe (Cretton), tengo un amigo que es futbolista de la U, entonces todo mi grupo ha estado siempre muy acostumbrado a esto de la foto. Igual le tengo un poco de envidia a los actores de los ‘90, cuando la gente no tenía cámara.

¿Es incómodo el tener que estar con cara de foto todo el día?

Es cansador, porque cuando ya llega la número 40 a pedirte una foto, tú estás cansado, pero esa persona número 40 tiene el mismo derecho a sacarse una foto que la primera. Ahí tengo mis contradicciones, pero siempre he sido muy cordial con la gente, porque ellos son los responsables de los buenos resultados, para ellos es el trabajo que hacemos, entonces incluso teniendo un mal día, siempre he logrado empatizar con esa persona, porque yo estoy todos los días en el living de su casa, y siendo bien honesto, tú te sacas la foto y te olvidas, pero esa persona llega a su casa y le cuenta a la mamá, es especial.

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No para nunca parece…

Estuve dos semanas en Europa recientemente, fui con mi polola, lo pasamos muy bien y a la vuelta pisé el aeropuerto y ya fue foto, foto, foto, un balde de agua fría. Y yo ni siquiera soy protagonista de la teleserie (ríe).

Pero igual has generado un protagonismo…

La gente ha tomado mucho cariño al personaje Gerardo, es verdad.

Pero al parecer tú no tanto, dijiste que el personaje era “ñoño”.

Lo que pasa es que soy muy crítico con mi trabajo, a mí me cuesta mucho ver la teleserie. Veo el trabajo de mis compañeros y hay escenas de que he aplaudido y de repente aparece una escena mía y trato de no verla, me pongo nervioso, soy súper tímido. Pero el personaje sí me gusta, es un weón ñoño, vestido de terno, totalmente despreocupado del estilo; es diferente a mí, yo soy menos empaquetado.

¿La gente hace la división entre Gerardo y tú? ¿En qué momento aparece Nicolás?

No. Mira, yo he hecho siete teleseries y esta es la primera en la gente empezó a saber que me llamo Nicolás Oyarzún. Ahora me paran y me dicen “Nico”, y yo pienso “por qué se saben mi nombre”, pero me gusta. Tiene que ver mucho con el fenómeno de las redes sociales, con los seguidores que uno tiene.

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Tienes 260 mil seguidores en Instagram, debe haber harto cariño, pero críticas también. ¿Cómo manejas eso de que se metan en tu vida?

Yo no medito mucho, soy bastante espontáneo, entonces debes cuidarte mucho, y yo soy impulsivo, pienso lo que dije, no pienso lo que voy a decir, pero me siento afortunado porque a pesar de que existe un troleo asqueroso en este país, la red social es un arma perfecta para el chileno. La otra vez vi un artículo sobre una foto que salió de Denise Rosenthal llena de comentarios de gente cizañera y mala leche y desde el anonimato; yo tengo la suerte de no haberme enfrentado a ese troleo, me han dicho “ni un brillo”, pero nada más.

Mencionaste a Denise, ella sufre mucho acoso sexual en Instagram.

Por supuesto, y eso tiene que ver con que ella es mujer y este país, por más que se levanten banderas, es un país machista. Se habla de cosas sexualmente muy explícitas, yo lo encuentro horrendo.

¿Te ha pasado, o las mujeres son más respetuosas?

Me han mandado comentarios de índole sexual, pero yo me lo tomo desde el humor, no desde la maldad. Con las mujeres son más explícitos, las redes en ese sentido son terribles, si yo no trabajara en esto no tendría, pero en mi pega es una herramienta, porque puedo mostrarme más allá de los personajes.

¿Te han buscado marcas por este fenómeno de los brand influencers?

Sí, yo tengo alianzas con marcas que van más allá del canje, son alianzas con acuerdos de marca-amiga, una suerte de “apoyémonos”; si me lleno de publicidad pierdo credibilidad. Y siento que eso pasa cada vez más y he dejado de seguir a gente por eso. Al final es una publicidad extrañísima porque la gente sabe que muchas veces no es real, deja de ser espontáneo, se transforma en una venta masiva y no me gusta, y quizás me piso la cola porque tengo un par de empresas, pero insisto que son marcas con una relación más allá. Por ejemplo, yo trabajo con Alto del Carmen (pisco), pero yo debo estar en el porcentaje más piscolero del mundo, me encanta la piscola. Jamás podría ofrecer una botella de vodka, porque no me gusta. Pero cada uno sabe lo que hace.

¿Y qué opinas de la gente que llena el Instagram de marcas?

Me reservo la opinión.


EL NICO DE VIÑA

Nació y se crio en el sector de Recreo, en Viña del Mar, el que cataloga como “un espacio fuera del tiempo, se siente el barrio todavía”. Nico es un “chico de provincia” y lo señala con orgullo.

Hablemos del Nico de Viña, ¿cómo era?

Era un weón que nació en 1987, segundo hijo de un matrimonio que hasta el día de hoy siguen casados. La relación que tengo con mi mamá es maravillosa, y mi papá es un partner. Tuve una infancia media compleja en los colegios, porque me costaba mucho entender la figura del poder de un profesor hacia el alumno solo porque sí. Tenía conflictos con la autoridad escolar.

¿Un poco antisistémico?

No, es que creo que la estructura que existe en los colegios no es la mejor forma de preparar a las generaciones venideras. Yo estuve los últimos años de colegio en uno que era más experimental y lo hice porque quería estudiar teatro, se llama Los Niños Cantores, en Viña. Era un colegio especial, tenía un coro alucinante, las clases de arte eran monstruosas.

En segundo medio me tocaba hacer una obra de teatro y yo la escribí y dirigí, tenía 15 años y fue alucinante. En ese momento tomé la decisión de ser actor, le conté a mi papá y me dijo “ok, pero trata de ser el mejor”.

¿Es más difícil dedicarse a algo artístico siendo de región?

Como cualquier niño de Viña que quiere estudiar Teatro, solo estaba la opción de la Chile o la Católica en Santiago, y a los 18 años venirse a Santiago era un tema, yo nunca me había subido al metro, por ejemplo, o yo nunca me subí a una micro amarilla, y no porque no haya tenido la necesidad, sino porque yo soy de Viña. Al final estudié en el Duoc de Viña, ahí estuve cuatro años, y el último año lo vine a hacer a Santiago.

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¿Fue un choque el paso de región a Santiago?

Sí, sobre todo porque desde Santiago ven a la gente del norte, a la del sur y al “weón de Viña”, y ese “weón de Viña”, es como raro. Viña para el santiaguino es el lugar donde en verano vamos, les expropiamos todo y después volvemos. La visión que tiene el santiaguino del viñamarino es como “un golden”, un surfista agrandado, pero es una provincia al final, tiene cosas mucho más cercanas a La Serena que a Santiago, más allá de la cercanía. Por todo esto fue chocante al principio.

¿Pero te reconciliaste con Santiago?

A mí me gusta, pero el día de mañana hay cosas que no transaría, por ejemplo, no sé si me gustaría criar a un hijo en Santiago. Si vives a las afueras, en lugares más periféricos, tienes que gastarte una hora y media en poder llegar al centro, luchando en la micro, llegando idiota a la casa. Para mí es súper fácil Santiago porque cuando yo llegué caminaba a la pega, y después tuve la oportunidad de comprarme un auto, entonces hablar de lo terrible que es Santiago sería irresponsable, yo no conozco la parte fea de Santiago, sé que existe, pero uno se informa por lo que te muestran las noticias o lo que opina la gente en redes sociales y es terrible.

Tienes un discurso muy social, ¿qué te pasa con esta disgregación de Plaza Italia hacia arriba y hacia abajo?

A mí me sorprende cómo ahora podemos grabar esta conversación con un teléfono que al final es un computador, y nos creemos lo más avanzado, y mientras más pasa eso, más seguimos retrocediendo a niveles sociales. Acá en Chile se habla tanto de la clase media y la clase media gana 350 lucas ¡y la clase baja gana mucho menos! Lo que me pasa a mí es que mientras más avanzan las cosas, mientras más malls, más tarjetas, la brecha cada vez va a ser más grande.

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LA VIDA DEL ACTOR

En general se conoce a los actores que están en cine y TV, pero es un gremio mucho más grande, y ese gremio es bastante crítico del actor conocido, dicen que se venden, ¿qué opinas de ese discurso?

Yo me imagino que el 70% de los actores que salen de las escuelas no viven del teatro, la TV o el cine, es un rubro súper ingrato, desde ahí yo logro entender cualquier tipo de comentario y más allá de creer o no ese comentario, sé de donde viene: viene de personas que estudiaron con CAE (Crédito con Aval del Estado), que están endeudadísimos y al final los timaron. Porque son jóvenes que están en cuarto medio, y llegan todas las universidades y les dicen “estudia acá” porque el campo laboral es del porte del Mapocho, pero no es así.

Yo por ejemplo me he hecho cargo de algo que he dicho siempre, a mí en la escuela me fue bien, era responsable, siento que tengo talento, pero el factor que me diferencia a mí de muchos compañeros que tuve es que tuve “la cuea” de nacer con ojos claros, ¡eso es! Se me hizo más fácil, tendría que ser el tipo más penca del mundo para decir que todo lo merecía. Ahora, yo con eso me tengo que hacer cargo, y demostrar más.

¿Tienes todavía esa lucha, la de demostrar?

No, pero sí la tuve; en la escuela de teatro a mí no me dejaban hacer personajes porque tenía los ojos claros, nunca me dejaron por ejemplo interpretar a un mendigo, hay prototipos que existen en el teatro y yo no estoy de acuerdo. Yo he tenido amigos que han pasado de todo, de repente yo estaba trabajando en la tele y mi mejor amigo estaba tocando en las micros porque tenía que parar la olla.

¿Qué te pasa al ver las típicas historias de actores que terminan muy mal sus años?

Lo que me parece mal es que hagan noticia de eso. Si me pillan robando ¡hagan noticia!, pero no es tema que estés manejando un Uber, por ejemplo. Yo si me quedo sin pega y tengo que parar la olla, al segundo día me subo a un Uber, y eso no puede ser noticia. Hace un tiempo hicieron noticia con una actriz que estaba trabajando de garzona, ¡qué es eso! Porque la segunda lectura es que esa pega es terrible, como si fuera caer bajo, y ¡qué mas digno que un tipo que se queda sin pega y trabaja en otra cosa para parar la olla!

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DESCONFÍO DE UN TIPO CON MÁS DE 30 QUE NO TENGA “GUATA”

Nico se define como “un tipo normal”, y a pesar de ser constantemente tildado de “galán”, siente que su aspecto físico está en un segundo plano, jamás superado por lo que realmente le importa: el trabajo.

¿Qué haces para cuidarte?

¡Nada! Soy un tipo con un cuerpo normal, tengo guata como todos los hombres; un weón que tiene más de 30 años y no tiene guata me provoca desconfianza (ríe). A nivel de deportes soy bastante flojo, y tiene que ver con la rutina, llegai a tu casa cansado y pensai si entrenar o acostarse, ¡y me acuesto!

No uso ninguna crema ni nada así, de hecho, me afeito sin crema de afeitar, la gente de maquillaje del canal no logra entender cómo lo hago; me corto el pelo yo, ¡soy un desastre! Lo único que hago es tomar como tres litros de agua al día.

¿Y qué pasa con la moda?, este prototipo del actor hippie y desarreglado parece que está desapareciendo, ¿no?

No me considero tan conservador, me encantan los sombreros, las camisas raras, aunque soy más de poleras que de camisas. Soy más de zapatos que de zapatillas, siento que la zapatilla después de cierta edad, si no es la típica de lona, es raro.

Me gustan los jeans negros pitillos, tengo muchos. Y como soy de patas flacas siento que ayudan a que se vean más flacas (ríe). Me encantan las chaquetas de cuero, pero esas bien roqueras.

Me encantan los ternos raros, ¡cuando hay que usarlos! Porque no soy de ir por la vida con terno, si me voy a poner un terno negro, con corbata negra y camisa blanca ¡me muero de lata!

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Conectado con la moda entonces…

Siento que la moda aporta arquitectónicamente a la ciudad, uno dice cosas, y cada cosa que te pones es un grito de expresión; si te pones un jeans y un chaleco beige estás gritando que eres una lata.

¿Y qué gritas tú?

¡A la chucha lo que digan! Mira, yo no ando a poto pelado por la vida porque no me gustaría, pero no por lo que la gente diría; me encantaría que Chile llegase a eso y siento que va hacia allá, eso es algo positivo que está pasando hoy, digamos sí a la libre expresión y que no sea tema. Yo personalmente me tomo la vestimenta así, yo grito “libertad”.

Y si hablamos de libertad, ¿qué opinas de temas como el aborto o el matrimonio igualitario?

Con el aborto en 3 causales tengo contradicciones, la respuesta no puede ser sí o no, conozco a mi país y si antes había niñas a las que les habían sacado 19 veces el apéndice en las clínicas del barrio alto, ahora van a ser 19 embarazos no viables. La mujer tiene derechos sobre su cuerpo, pero también me gustaría que la ley ahondara un poco en los derechos del padre, que hoy no existen. Si una madre no quiere tener a su hijo, uno como padre no puede decirle “yo lo banco”, porque es ella quien lo llevará nueve meses dentro. Es súper complejo el tema.

¿Matrimonio igualitario?

Por sobre todas las cosas, y adopción ¡por favor! ¿Sabes cuántos cabros deseosos de recibir amor que están en el Sename podrían recibir igual o más cariño que en una familia tradicional si hubiera adopción homoparental? Esa weá no debería ser ni discutible, por supuesto que sí, ¡por supuesto!

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Por: Horacio Pinto / Pía López

Fotografía: Daniel Esquivel

Outfits & Estilismo: Londress Wendy Pozo

Maquillaje & Peinado: Alex Inostroza

Locación: Icon Hotel Santiago


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