Sin Miedos: El Off the Record de Milena Benedetto
Chica de portada / Julio del 2018

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Hasta ahora nunca había contado públicamente que fue víctima de violencia en una relación de pareja durante cuatro años, ni siquiera a su círculo más cercano, pero la locutora radial ha asumido un compromiso contra la violencia y hoy lo ve como una responsabilidad. Por primera vez desnudó su corazón y eligió a Revista Sarah para decir fuerte y con orgullo: “No más violencia contra las mujeres”. Esta es la historia de una mujer ícono de la región de Coquimbo, y no solo por su éxito radial y empresarial, sino por su valentía.

Hay personas que en un mar de gente destacan por sí solas, que tienen la capacidad de generar atención con solo hablar, aunque sea en voz baja, y que tienen una suerte de “poder” para iluminar espacios. Así es Milena Benedetto, y lo que suena como una descripción de relaciones públicas no es más que una auténtica descripción de la dueña de una voz acelerada que cada tarde se escucha fuerte en radio Montecarlo, a través de su programa “Desafíos de Mujer” que conduce con su gran amiga Carola Hudson.
Hicimos un ejercicio previo a esta entrevista, la escuchamos toda una semana en su programa radial de cada tarde y sacamos algunas conclusiones: parece una mujer acelerada, de esas que corren a mil por hora, del tipo de mujer que puede cocinar, ayudar a un hijo en una tarea y responder un mail de negocios; además es amena ―“¡qué entretenido debe ser un carrete con ella!”, pensé― y al mismo tiempo es profunda, tiene opinión y de sexo débil no tiene absolutamente nada.
Con todo esto como antecedente la visitamos en su casa, y desde las instrucciones de cómo llegar hasta la salida (varias horas después) Milena se comporta como una anfitriona excepcional; “¿te sirvo más?”, “¿está muy fuerte la calefacción?” o “pásame tu copa, yo te sirvo” fueron solo algunas de las frases que interrumpían de forma muy cálida cada par de minutos esta entrevista. “Así de bien atendidos se sienten tus invitados a la radio, me imagino”, le dije.




TUVE QUE DEJAR DE SER NIÑA

Hija de padre futbolista y una madre que se iniciaba en el modelaje, Milena a muy temprana edad tuvo que enfrentar el que ha sido hasta el momento el dolor más grande de su vida: la muerte de su padre cuando ella tenía apenas nueve años. El “Cacho” Benedetto, como era apodado en la cancha, encarnaba en ese entonces lo que hoy parecería la más habitual historia farandulera: futbolista argentino (Vélez Sarsfield y Audax Italiano) que conocía a la modelo chilena 12 años menor, se casaban y tenían dos hijos, pero la historia no terminaría bien.
“Lamentablemente mi papá falleció de un ataque al corazón inesperado mientras jugaba fútbol, en la misma cancha. Yo tenía nueve años y mi hermano Felipe aún no cumplía un año. Mi mamá era súper chica en ese tiempo, muy dependiente de ese hombre que la saca de su casa a edad muy temprana y enamorada hasta las patas; era un hombre que la consentía mucho”, recuerda.
Eras muy niña cuando fallece tu papá, ¿recuerdas el momento?
Perfectamente. Yo estaba en un almuerzo familiar, fui a jugar al parque y cuando volví me di cuenta de que algo pasaba, yo no entendía nada. Después me llevaron a la casa de mi tía, la Pistita (hermana de mi madre), me miran y me dicen “pobrecita”, y yo dije “¿qué pasó?”, y mis primas llorando decían que parece que el tío se había quebrado un pie y yo sufría por eso. Cuando llega mi mamá con la ropa de mi papá en los brazos me dice, “tu papá se murió, tu papá se fue al cielo”. La vi tan mal que lo único que pude hacer fue contenerla, apoyarla.
Le dije: “Aquí estamos nosotras, somos grandes y de esta vamos a salir”, ¡imagínate, a los nueve años! Le dije “vamos que se puede mamita, no llores”. Mis tíos estaban esperando fuera de la pieza para ver mi reacción luego de saber la mala noticia y les digo lo mismo.




Muy madura para tu edad…
Es que en ese preciso momento me tocó dejar de ser niña, pero sin entenderlo mucho, yo no podía entender que me despertara al otro día y no estuviera mi papá, lo pasé muy mal. Sentí mucho miedo en ese momento porque cuando se va el papá, que era el pilar que tenía, me encuentro con una mamá súper frágil y muy agobiada y un hermano de un año y ahí dices ¿cómo sobrevivimos a esto?
¿Qué vino después?
Tuve que crecer con una madre muy linda y amorosa, pero muy inmadura emocionalmente, que pierde a este hombre que fue su contención y se apoya en una niña de nueve años. Fue muy impactante para mí y me obligó a tomar un rol maternal con mi propia mamá; sentía la responsabilidad de hacerlo.
Nos tuvimos que ir a vivir con mi abuela, mi mamá estaba muy triste y cansada emocionalmente, pero además estábamos a la deriva económicamente. Con el tiempo, me di cuenta de que yo tenía que ser muy fuerte con mi mamá, porque si yo flaqueaba, flaqueábamos los tres. Teníamos un dicho, “somos tres”, que era mi hermano Felipe, mi mamá y yo. Quedamos a la deriva y con incertidumbre.

¿Sentiste la presión de ser líder de la familia teniendo nueve años?
Tenía miedo, pero al mismo tiempo tenía que tener esa fuerza de echarme al hombro este dolor porque me hacía vulnerable, porque si no era fuerte no iba a poder subsistir. A partir de eso creo que crecí con el miedo a la pérdida y a la muerte, siempre tengo ese miedo, de perder a la gente que quiero. Me tocó vivir el “pobre niña”, me preguntaban siempre cómo había muerto mi papá y yo no quería contar, el “pobrecita” lo tenía marcado.
En paralelo mi mamá estuvo en una depresión muy grande. Ella vivía por vivir y porque tenía dos hijos con ella, eso mismo hizo que me olvidara en algunos momentos; pero no se olvidó de mí, se olvidó de ser mamá, encontró en mí una amiga, hermana, el apoyo para que ella no decayera en ningún momento, yo tenía que ser su bastón, me necesitaba. Ahora lo entiendo, pero en ese momento todo era terrible. Afortunadamente aprendimos a vivir con el dolor y nos acompañamos en todo hasta el día de hoy, es la mejor madre y abuela del mundo.



LA SERENA: UN NUEVO COMIENZO
Algunos años más tarde, la mamá de Milena conoció a una nueva pareja, con quien vino a vivir a La Serena, sin embargo, la adolescente Milena decide quedarse en Santiago al cuidado de su abuela hasta terminar el colegio. “Ver a mi mamá más tranquila también me tranquilizó a mí, me sentí con menos presión, pero eso no duró mucho tiempo”, recuerda.
Tras un año, Mile vino también a La Serena.Al principio no quería salir a la calle, tuve un poco de resistencia al cambio, estuve un año sin hacer nada, reencontrándome con mi mamá; después comencé a pololear y entré a estudiar Relaciones Públicas acá”.
Y te quedaste en La Serena…
Sí, pude vivir mis etapas acá, disfruté, carretié, conocí al padre de mis hijos y con él formé una familia a quien quiero muchísimo (el Tata y la Memé). Me casé a los 24 años porque quería casarme y tener hijos, en ese minuto era mi ideal de vida; yo creía que era lo que teníamos que hacer todas. Casarnos, ojalá de blanco y con cola, tener hijos y eso era una vida feliz. 



UNA MUJER TRABAJÓLICA
A los 13 años, aún viviendo en Santiago, Milena trabajó como part-time en tiendas capitalinas, pero quería más; entonces generó un capital y compró zapatos de hombre para revender puerta a puerta, lo que se constituyó como el inicio de una vida emprendedora.
Una vez en La Serena trabajó como promotora, pero sentía que eso no la llenaba, por lo que “empecé a reclutar niñas y creé mi propia agencia de promotoras y modelos; luego me contactaron de una agencia de Santiago y sin darme cuenta me había transformado en productora, tuve a cargo importantes eventos, incluso varios programas de televisión que se grababan acá como el “Venga Conmigo”. ¡Me fue la raja en ese tiempo! Me compré un auto 0 km, saqué cuenta corriente, etc. 
¿Y la productora termina cuando te casas?
No fue tan así, al casarme acordamos con mi marido que él se haría cargo de la productora y yo entré a trabajar como vendedora a Movistar, luego quedé embarazada de mi primer hijo, seguí trabajando y empecé a ascender rápidamente. Llegué a un cargo gerencial, tuve un muy buen desempeño, llegué a tener a cargo todo el norte en el área comercial de la compañía. Trabajé 14 años ahí.

Pero también te fuiste de esa empresa…
Me fui porque quería estar con mis hijos, los veía poco, tenía que viajar mucho dentro y fuera del país y a pesar de tener un trabajo increíble, nunca tuve miedo a reinventarme; y así lo hice, renuncié con los ojos encima de muchos por dejar ese trabajo.
¿Cómo termina tu matrimonio?
Termina porque nos hicimos más amigos que matrimonio, nos queríamos mucho, pero no nos amábamos y yo quería amar. Pero al papá de mis hijos hasta el día hoy lo adoro. No tengo reparos con él, es un papá presente y eso me da tranquilidad.



UN AMOR CON ALTAS DOSIS DE LOCURA
La vida de Milena Benedetto ha estado siempre cargada de altibajos, de emociones fuertes, de vivir cada momento con pasión, pero existe un momento que vive ya siendo adulta que podría dividir su vida en un antes y un después. Tras divorciarse conoció a otra persona, “era un empresario local, era un hombre completamente distinto a lo que conocía, me hablaba de cosas emocionales, no tan terrenales; me asombró, y de a poco comencé a trabajar con él, comencé a ayudar en su negocio, lo pasé bien trabajando en eso, pero ese trabajo y esa relación trajeron muchos cambios a mi vida que al final me pasaron la cuenta. Fue una relación de seis años, pero a los dos años dejé de pasarlo bien”, reflexiona.
¿Qué pasa al segundo año que hace que dejes de estar bien?
Me pegué un aterrizaje forzoso. Yo me enamoré de esta vida más emocional, me abrí a ese escenario distinto donde te encuentras con la naturaleza, el sol, algo más esotérico, pero la realidad era otra. Lo que pasó básicamente fue que me enfrenté a una vida muy bohemia, muy llena de carretes, pero de pronto me di cuenta de que no era la Milena que quería ser.
¿Qué te mantuvo ahí?
Hoy pienso que más que amor fue capricho, no quería enfrentarme a un nuevo fracaso amoroso. No era fácil terminar una relación con una persona que me ayudó a criar a mis hijos, a pesar de que el padre de ellos siempre estuvo presente, pero yo vivía con esta nueva pareja y mis hijos. Lo vivido lo agradezco porque nada pasa en tu vida sin un aprendizaje.



“TERMINÉ LLORANDO, PIDIENDO PERDÓN, CULPÁNDOME. EL MIEDO SE APODERÓ DE MÍ” 
Hablar de violencia es algo que a Milena le toca vivir a diario en su programa de radio. Ha abrazado causas feministas, se ha convertido en portavoz de los derechos de las mujeres y ha llevado una bandera de lucha contra cualquier forma de violencia. Sin embargo, nunca había hablado de los episodios de violencia en los que ella fue la víctima.
Hoy, más madura, reflexiona y nos comenta que la violencia estuvo presente siempre en su vida, “partiendo por la expareja de mi madre, donde viví un par de episodios tremendos de violencia física y tuve que sacar fuerzas para proteger a mi madre y defenderla de la agresión física y psicológica”. Tras esto, Milena vivió lo que califica como un pololeo tormentoso: “Tuve un pololo de 20 años, yo tenía 15, y él sufría de celos enfermizos. Y luego, ya de adulta, me vi enfrentada nuevamente a este flagelo social instaurado en nuestra cultura”, recuerda.
Cuando hablamos de violencia con esta nueva pareja después de tu matrimonio, ¿de qué hablamos en particular?
(En este punto Milena se quiebra, sus ojos se llenan de lágrimas y con una extraña mezcla de rabia, recuerdos dolorosos y una valentía admirable, prosigue.)
Hablamos de violencia física, verbal, sexual y emocional, de todo. Te puedo contar de una vez que fue a los dos años de una relación, después de un carrete. Sentí que ya era hora de ir a dormir, estábamos ya en la casa, le dije que se acostara, pero no quiso, insistí y comenzamos a discutir. Me insultó, yo le di una cachetada de desesperación, me sentí muy mal haciéndolo y le pedí perdón de inmediato. Pero él me devolvió el golpe y no fue solo uno. Esa noche traté de arrancarme, pero me encerró en el baño. Terminé llorando, rezando, pidiendo perdón, culpándome. El miedo se apoderó de mí, fue horrible.
¿Te culpaste tú por los golpes que recibiste?
Sí, sentía que todo era porque yo le había pegado una cachetada primero, que era lo que me tocaba no más… y lo olvidé. 
¿Y así pasaron los siguientes cuatro años?
Sí, siempre después de las peleas él llegaba con flores, un viaje, regalos.  También eran cosas que a mí me encantaban, una canción, un poema, pero yo era soñadora, romántica y lo perdonaba, o más bien se instalaba en mí un sentimiento de “yo también la cagué”, una dinámica a puertas cerradas que muchas mujeres viven en completo silencio.
Tengo que agradecer a grandes amigas que estuvieron a mi lado, una de ellas es mi partner, amiga y hermana, Carola Hudson. La verdad, lo hemos dicho siempre ambas, venimos juntas de otras vidas y en esta ella ha sido un pilar fundamental, tenemos grandes historias juntas, vivimos episodios de dolor indistintamente, pero cada una ha sabido mantenerse al lado de la otra dando el apoyo, la contención e incluso el silencio necesario muchas veces. 


¿Qué pasaba al día siguiente de una pelea como las que describes?
Nunca lo hablamos porque no era tema, yo me bloqueaba y olvidaba que me había dado un golpe. Yo creo que tenía trancas que me hacían perdonarlo, pero nada justifica el que lo haya hecho, nada.
¿Sabía alguien lo que te estaba pasando?
Creo que lo compartí con un par de amigas. Una vez me pegó un manotazo en la cabeza delante de todas mis amigas, ahí fue cuando me fui, cuando lo dejé, salí arrancando. Respecto a mis hijos, ellos nunca se dieron cuenta, nunca lo hablé con ellos. Ahora tendremos que hablarlo, llegó la hora de enfrentar mis miedos con ellos que son lo más importante en mi vida.

PARTIR DE NUEVO, SIN NADA
“Nunca pensé que iba a salir arrancando de la forma que salí y me quedé sin nada”, recuerda hoy Milena, y es que efectivamente se vio prácticamente de brazos cruzados, pues incluso sus inversiones y capital se encontraban en proyectos conjuntos con su expareja. “Estuve un mes en casa de mi amiga Carola con mis hijos; otra amiga, mi Xime querida, me hizo los papeles que necesitaba para arrendar una casa porque no tenía ni renta ni nada. Afortunadamente tenía algo para avanzar unos meses en mi cuenta corriente y eso se transformó en el mes de garantía, los primeros meses de arriendo y de ahí a trabajar para comenzar de nuevo”.
¿Trataste de olvidar todo lo que pasó?
No, ahora menos que nunca. Hoy yo tengo una tremenda responsabilidad de conectarme con mi historia, de no olvidarme, porque si no te olvidas otras personas pueden salvarse o tener una oportunidad.
Tu programa de radio tiene una fuerte carga de feminismo, de empoderamiento, ¿tiene que ver con tu propia historia?
Claro, tiene que ver con nuestro rol como comunicadoras y con los compromisos que decidimos adquirir. Mi compromiso y responsabilidad hoy es con aquellas mujeres que han vivido violencia en todas sus formas. Quiero ser la voz de las que no se atreven a hablar, las que están viviendo ese calvario en secreto, y si el programa sirve para visibilizar estas realidades, creo que ya cumplimos. Es por esto mismo que accedí a contar mi historia que, créeme, no se me hace fácil.



DESPUÉS DE LA TORMENTA…
Dicen que todas las historias tienen finales felices, al menos así sucede en los cuentos, y, aunque esta es la vida real, hoy Milena se ve plena, realizada, corre todo el día con proyectos que llenan su alma (y su agenda), y hay algo más: Max.
“Lo conocí bastante avanzada en mi sanación y mi reencuentro conmigo. Estuve mal por mucho tiempo, me sentí triste, abandonada, despechada, mi autoestima se me había ido a la mierda. Pero apareció Maximiliano, lo vi en una fiesta, como que destacaba entremedio de una multitud; a mí me pasó eso”. De esta forma describe Milena a Maximiliano, su pareja desde hace dos años, con quien comparte cosas tan cotidianas como construir ecomuebles para la casa que comparten.

¿La tercera es la vencida?
Nunca se sabe cuándo es la vencida. Pero estoy muy feliz, nunca me había sentido tan amada como ahora.
¿Cómo se lleva con tus hijos?
Veo la conexión que no vi nunca antes con mis hijos. No estaría conmigo si no fuera así, creo que aprendí la lección.
Cuando hablas de tus hijos (17, 14 y 13 años) te brillan los ojos…
Mis hijos son puro amor, tenemos una relación increíble de complicidad. Me escriben, por ejemplo, “mamá me duele la espalda, ven a buscarme al colegio”, y yo pienso “¿qué tengo que hacer ahora?” Y si no tengo que hacer nada, los voy a buscar al colegio y diseñamos una tarde juntos. Son niños grandes de corazón, inteligentes y mi dedicación diaria es darles herramientas para que sean felices. 
¿Qué te falta para ser 100 % feliz?
Cerrar los proyectos que están a punto de salir del horno. Son proyectos laborales, que tienen que ver con las comunicaciones, con un evento de moda que me tiene absolutamente embobada, y que creo que va a ser un evento ícono; le tengo todas las fichas puestas al Coquimbo Fashion Weekend que estoy organizando con mis socios Sandra Carretero y Fred Redondo.
¿Dejaste de sentir miedo?
Hoy me conecto con las herramientas que tenemos para salir adelante todos los seres humanos, con que hemos vivido distintas historias en la vida, y el miedo que algún día tuve me ha hecho ser la mujer que hoy soy y no quiero ocultarlo nunca en la vida. El miedo me hizo sacar la fuerza y el coraje cada vez que lo necesité, y la Mile de hoy es una Mile guerrera y, por sobre todo, optimista y muy feliz, agradecida de todo lo que me ha tocado, lo bueno y lo malo.

Por: Horacio Pinto

Fotografía: Daniel Esquivel

Estilismo: Felipe Fleite

Maquillaje: Make Up Woman

Peinado: Diego Celis

Asistente de producción: Javiera Castillo

Outfits y accesorios: Cecilia Serantoni, Díaz Mujer, Felipe Fleite, El Ropero de Olivia.

Locaciones: Barrio Inglés Coquimbo, Centro Cultural Palace.

Dirección de arte: Luis Aguilera

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