Vedelia Donoso: Una mujer de seda
Chica de portada / Mayo del 2017

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La moda, a pesar de estar dirigida principalmente a las mujeres, desde siempre ha sido un terreno gobernado por los hombres; de hecho, si pensamos en nombres de diseñadores, lo más probable es que los primeros tres que vengan a nuestra mente sean hombres. Pero la chilena Vedelia Donoso ha roto con el paradigma y se ha consagrado como una de las mujeres más fuertes de la alta costura nacional.

Le preguntamos por un concepto que la definiera como persona y, después de mucho pensarlo, nos dijo “resiliencia”, es decir, la define una especie de “arte” de sobreponerse ante la adversidad. Es Vedelia Donoso, la diseñadora que hace dos décadas abandonó La Serena para convertirse en una de las más grandes diseñadoras de alta costura de Chile. Pero tras el título hay una mujer, y a esa mujer quisimos descubrir.

Nos reunimos en un restorán de La Serena, la ciudad a la que “escapa” cada vez que puede, donde están sus padres y sus hermanas, donde está también el recuerdo de sus primeros años, sus primeros trabajos y pololos, y también donde nació una inquietud que hasta ahora no se calma por crear.

No bebe alcohol, pide una limonada y nos confiesa que el glamoroso mundo en el que se mueve muchas veces es mejor recibir una copa de champagne y tenerla en la mano en lugar de explicar muchas veces por qué no bebe, “valgo más viva que muerta”, nos dice entre risas.

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Vedelia es serenense de corazón y lo repite cada vez que puede, pero sus orígenes están en Coquimbo: “Estudié en el colegio John Kennedy, que era una especie de colegio Montessori; ahí conocí a la Miss Danty, que me enseñó mucho. En ese colegio se hablaba solo inglés y creo que no había cursos, estábamos todos juntos”, nos comenta.

Tras ello se traslada junto a su familia a vivir a La Serena, momento en que confiesa “mis papás quebraron. No teníamos muebles, no teníamos comida, y ahí me puse a trabajar, primero en un bazar y luego en una tienda de telas. Tenía 15 años”. Desde ese momento no ha parado de trabajar y crear, pero ¿de dónde vienen esas ganas por crear? “Siempre me gustó la ropa, pero más que hacerla me gustaba desarmar, desarmaba todo, las planchas, las radios, nunca tuve una muñeca bonita, les cortaba el pelo, las rayaba, le hacía ojos diferentes, y les hacía ropa”, comenta con ojos de niña que acaba de hacer una travesura.

En este momento, cuando identificamos por una parte a la niña de 15 años que trabajaba para ayudar con la economía de la casa, y por otra parte a la diseñadora que hace algunos meses fue invitada a la semana de la moda parisina y que recientemente fue catalogada como una de los “titanes de la moda chilena” por una revista nacional, pensamos ¿cómo se conectan esas dos mujeres? Se lo preguntamos a la protagonista de la historia: Vedelia Donoso Sfeir.

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¿Cómo era la Vedelia niña?

¡Quería ser niño! ―comenta entre risas― porque los niños podían salir a jugar a la calle y a mí no me dejaban porque era niñita, y siempre fui inquieta, también fui muy decidida y en eso me entendía muy bien mi profesora, la Miss Danty. Yo le decía “no se por qué sé, pero sé”. Hoy se habla de los niños índigo, o los niños cristal y todo eso, y yo creo que fui una niña así, pero en una época en que eso no era tema.

¿Cuándo te fuiste de La Serena, y por qué?

Tenía 17 o 18 años, en esa época sentía que estaba como estancada, había salido del colegio, estaba estudiando contabilidad, siempre quise tener un negocio propio y la contabilidad era una herramienta, pero no era un fin en sí mismo. No quería tener problemas de administración como ocurre en muchos negocios, como le ocurrió a mis papás que quebraron.

Me enteré de un concurso de belleza que tenía como premio unos pasajes a Estados Unidos, me presenté al concurso que para mí era fácil porque tenía que saltar en un toro mecánico, tenía que tener un talento y canté, y me gané los pasajes. Y me fui, estuve siete meses, aprendí inglés, trabajé en un colegio haciendo clases de español.

De vuelta en Chile, trabajé en la radio Finísima y en la Amistad, era locutora y hacía las voces en off de comerciales, el tiempo, y también reporteaba en terreno, despachaba en vivo desde Tierras Blancas, etcétera. Después de eso me casé y me fui a Santiago.


¿Qué hiciste al llegar a Santiago?

Yo estaba acostumbrada a trabajar, y empecé a trabajar en una joyería, pero tuve problemas con la familia de mi marido porque en esa familia las mujeres no trabajaban. Y me di cuenta que yo no sirvo para estar en la casa, me aburría. Entonces comencé a ir a desfiles de moda, me gustaba ese mundo.

¿Tenías relación con la moda en ese momento?

¡Siempre! Pero desde un punto de vista utilitario, siempre me gustó vestirme bien, usar accesorios, etcétera. Entonces comencé a estudiar alta costura, mi suegra me ayudó con los estudios, estudié con Laura Rivas como cinco o seis años y aprendí muchísimo, y además ella me quería harto y me comenzó a enseñar todos sus trucos, sus proveedores, pero yo no lo veía como una opción de trabajo porque no me dejaban trabajar.

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LA PRIMERA COLECCIÓN

Pero no fue hasta el año 2000 que Vedelia lanzó su primera colección de alta costura. Tenía 30 años, un tanto tarde quizás para comenzar en el mundo de la moda, pero la diseñadora aclara que a diferencia de quienes parten muy jóvenes, ya era madura, tenía dos hijos y las cosas muy claras.

¿Cómo fue esa primera colección?

Maravillosa y espantosa al mismo tiempo. No era una colección, porque yo había estudiado alta costura y no diseño de vestuario; después estudié color, figura humana, escalado industrial. Yo era más bien una costurera que hizo una colección muy bonita. En ese momento recibí un consejo de Iván Grubessich que me dijo: “Tu colección es preciosa para alguien que la puede ver de cerca, pero el fotógrafo que viene hoy a tu desfile es el mismo que fotografía desmembrados en las carreteras, así que, si no le das algo impactante, vas a terminar siendo una más”.

Y, ¿tenía razón?

Absolutamente, en Chile no hay prensa especializada en moda, hace 17 años me dijeron eso y hoy sigue siendo igual porque, aunque se hable de moda, son comentarios viscerales y no técnicos.

¿Qué pasaba con tu vida personal en ese momento?

Estaba en una crisis matrimonial importante, estaba buscando, y así como hay mujeres que buscan amantes o gimnasio, yo empecé a coser como loca.

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ME DI CUENTA QUE QUERÍA HACER ESTO

“Cuando hice mi primera colección me di cuenta que yo era buena, porque mi calidad era muy similar a los diseñadores mayores” comenta. Ese fue el comienzo, y desde ahí no ha parado. Luego vino otra colección y en paralelo el fin de su matrimonio, “fue una gran crisis”, confiesa.

“Fue muy difícil la separación, de un momento a otro me vi sola, con mis dos hijos chicos, sin plata y sin nada concreto. Fueron tiempos muy difíciles en que el único panorama que le podía dar a mis hijos era ver Los Simpson; de hecho, una profesora del colegio de mis hijos me mandaba comida en la mochila, porque el papá les pagaba el colegio, pero yo no tenía plata para colaciones”, recuerda.

¿Qué hiciste para salir de eso?

Pensé estratégicamente, lo único que tenía era una camioneta y la vendí para viajar a Argentina a comprar telas y preparar una nueva colección. Hablé con la dueña de la casa que arrendaba y le pedí tres meses de plazo para pagar el arriendo, le conté mi historia y creyó en mí; era el tiempo que necesitaba para coser y vender. En Argentina compré telas de muestrario, es decir, un montón de trozos de tela de un metro que eran preciosas y que habían sido despreciadas por otros diseñadores, así con puros pedazos hice una colección hermosa. Pero todo fue de mucho trabajo, cosía toda la noche.

¿Gustó tu colección?, ¿pudiste salir adelante?

Todo esto coincide con el inicio de CNN Chile, y mi desfile le gustó a CNN internacional y lo comenzaron a pasar muchas veces, ahí comenzó todo a mejorar.

¿Se acabaron los problemas de plata?

No por completo, de hecho, hubo una época en que yo no tenía plata para hacer una colección nueva y la hice solo con pieles naturales que me prestaron. Y así hice un desfile con puras pieles de mis clientas, con pura creatividad. Paraba a la Tonka Tomicic frente a mí, le amarraba una piel natural y encima una tela y nacía un vestido muy bonito. Nunca vendí pieles, pero los clientes llegaban porque les llamaba la atención y después me pedían otras cosas.

¿Qué te diferenció de otros diseñadores que estaban también partiendo?

Yo era muy madura, tenía 30 años; yo cosía muy bien, porque un diseñador no necesariamente cose. Lo otro es que nunca fui egocéntrica, para mí lo más importante no era cómo me veía yo en la pasarela, y la gente joven pierde mucho tiempo inventando un personaje de sí mismos.

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SEGUNDO MATRIMONIO: EL CUENTO DE HADAS

Vedelia confiesa que siempre diseñó para mujeres que otros diseñadores no atendían. “Partí con gorditas, después con adolescentes, y después me di cuenta que hacer novias era mucho más gratificante, principalmente porque las novias siempre están felices, además me gusta la corsetería, trabajar con volúmenes y me gusta la monocromía, me gusta trabajar con un solo color”.

Hacías vestidos de novia, y te casaste con el director de la única revista de novios en ese tiempo, ¿cómo fue eso?

¡Fue un desastre! (ríe) Peleábamos mucho, nos casamos y nos separamos antes del año, luego volvimos y nos volvimos a separar, pero la gente veía el matrimonio como algo idílico, de cuento.

¿Era conveniente ese matrimonio?

Yo creo que mucha gente lo veía así, pero en realidad nos encontrábamos ambos solos, trabajábamos en el mismo mundo; simplemente se dio.

¿Tu posicionamiento se debe a esa unión de la diseñadora y el director de la revista?

La publicidad es una suma de cosas. Yo me posicioné más bien por hacer vestidos a gente relativamente famosa, de la TV, aunque era imposible mantener distancia cuando estás casado con alguien que hace exactamente lo mismo que tú. Pero jamás tuve publicidad gratuita en la revista, siempre la pagué, jamás tuve nada gratis, hasta el día de hoy.

¿Tu marido era el dueño de la revista y te cobraba?

Sí (ríe) ni pololeando, ni casada ni separada, jamás tuve nada gratis.

¿Cómo fue ese matrimonio?

Todos los diseñadores me querían hacer el vestido de novia, tuve cuatro ramos de novia, todos querían hacer todo, porque si el matrimonio de la diseñadora top y el director de una revisa de novios elegían a determinada empresa, en el fondo estabas validándola.

¿Y quién hizo el vestido?

José Cardoch

¿Cuánto duró ese matrimonio?

Creo que siete años.

¿Fueron años felices?

A nivel de matrimonio no, pero en ese período nacieron mis hijas y ellas me hacen completamente feliz.

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EL FINAL

El fin de este matrimonio fue tormentoso, hubo grandes problemas que dejaron a la diseñadora literalmente en el suelo. “Las personas siempre dicen que cuando le ocurran cosas malas van a matar a alguien, o van a desencadenar una catástrofe, pero no es así, cuando tienes shock muy fuerte te quedas inmóvil, y esa parálisis puede durar un día, un mes, un año”.

¿Cuánto te duró a ti?

Casi un año.

¿Cómo te reconstruyes después de ese año?

Ese año comencé a hacer deporte, a trabajar mucho y a cuidar a mis niños. Yo siempre duermo poco, pero creo que en ese período dormía dos o tres horas, era tiempo de vigilia permanente. Estuve en el suelo, no solo por la separación sino por otras cosas, me bloquearon de la mayoría de los eventos de novios, esa empresa tenía el monopolio, y yo era diseñadora de novias, así que dejé de tener cabida.

VOLVER A COMENZAR

¿Cómo termina este período negativo?

¡Trabajando! Cuando me separé de él yo me fui a hacer algunas giras fuera de Chile para mostrar mis colecciones y simplemente me tuve que reinventar, partir de nuevo. Fue en ese que apareció Ronald en mi vida (su actual pareja), él fue un pololo de la juventud, nos juntamos, le conté mi vida, me contó la suya, y pensamos “¡qué nos pasó!”.

¿Cómo estás hoy?

Bien, feliz.Estoy haciendo varias cosas, aprendiendo varias técnicas de bordado antiguo, que requieren mucha técnica; también estoy trabajando en una línea textil home, utilizando harta tecnología como corte láser y sublimación.

¿Dónde vas a estar en cinco años más?

Quiero estar fuera de Chile, mi sueño ideal es irme a Londres, pero si no funciona, Miami va a estar bien. Voy a estar haciendo lo mismo, diseñando.

¿Cuál ha sido el mejor momento de tu carrera?

Este.

¿Te consideras exitosa?

Sí, y afortunada también.

¿Qué elemento de ti destacarías?

¡La porfía! (ríe) Hoy hay una palabra más de moda que es la resiliencia, pero es la capacidad de sobreponerse.

LOS HIJOS DE UNA “MUJER MARCA”

Jorge de 26, María José de 21, Matilda de 11 y Martina de 8 años han aprendido a vivir con una mamá que lleva una vida pública; Vedelia confiesa que son sus principales fans. “Muchas veces les ha pasado que comentan quién en su mamá y la gente los felicita.

 Mi papá también se emociona mucho cuando me ve en revistas o cuando presento desfiles importantes, mi mamá es un poco más dura, pero también es orgullosa”.

¿Ves a alguno de tus hijos en el mundo de la moda en el futuro?

Sí, la Martina tiene muchas habilidades.

¿Le va a ser más fácil entrar con una mamá diseñadora?

¡Ojalá! O sea, si yo pudiera, feliz le haría más fácil algo a mis hijos.

¿Qué te falta por cumplir?

Mi libro.

¿Cómo se va a llamar?

Creo que “Matrimonios en Chile”. Hablo de los secretos del probador, de todo lo que me cuentan las novias cuando se van a probar el vestido a mi taller, te enteras de cosas muy entretenidas.

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EL CUESTIONARIO

Lo primero que buscas en un mall:

¡No voy a malls! Nunca necesito algo, me compro lo que me gusta y nada más.

Tu prenda más amada:

¡Difícil! Mi clóset es un monstruo tremendo. Nunca hay suficiente espacio, no sé.

4 prendas que llevarías a otra vida:

Un jeans, una polera blanca, mi chaqueta azul que tengo hace 15 años, y cualquier zapato

No puede faltar en tu cartera:

Llaves, documentos, algo para tomarme el pelo.

Secreto para el pelo largo:

Todo lo que me digan que sirve. Si me dicen que sirve el huevo me pongo huevo (ríe).

Una marca:

Moroccanoil, ¡es maravilloso! Estuve en Marruecos y vi como se hacía, es muy natural.

Rutina de belleza:

Lavarme siempre la cara, y cualquier aceite me sirve: desde la crema más cara hasta aceite de oliva

Perfume:

Opium, lo he usado toda la vida y lo llevo siempre en la cartera.

Diseñador favorito:

Alexander McQueen

Diseñador chileno favorito:

Matías Hernán me encanta

Una novia que recuerdes en particular:

Sí, una novia judía que se casó con capuchón. Ellas deben casarse con velo, y ella prefirió un capuchón bordado completamente de cristales Swarovski.

La novia famosa que más recuerdas:

La señora de Américo, encantadora ella, y preciosa además.

Arte y producción: Vida Group & My Wedding
Fotografía: Daniel Esquivel

Joyas: Maxim Nikouline

Maquillaje: Make Up Woman

Peinado: Nico Sibilia by Sibilia Hair & Beauty
Manicure: HomeBeauty
Vestidos: Vedelia Donoso
Asistente de cámara: Joel González
Locación: Espacio Santuario



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