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Ricardo Fernández: Protagonista de una nueva masculinidad

Por @ahorapinto @nicooooplz

noviembre 2023

“Romané”, “El circo de las Montini”, “Los Pincheira”, “Cómplices” y “Puertas adentro” son solo algunas de las históricas teleseries nacionales en las que lo hemos visto nacer, crecer y consolidarse en la actuación, pasando de ser “el nuevo niño bonito de la TV” hasta convertirse en el referente que es hoy. Siempre celoso de su vida privada, y ad portas de su primer rol en la nueva era de la televisión por streaming, el talentoso actor de 45 años aceptó conversar con Sarah y hacer un repaso por su vida y exitosísima carrera, y por todos esos aspectos sensibles que en su vida desafían la “clásica masculinidad”.
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Ricardo Fernández tiene una de esas historias que bien podrían haber sido sacadas de un cuento de hadas muy fantástico: decidió estudiar Teatro porque lo hacía vibrar desde sus primeras incursiones en el área, aún estando en el colegio. Luego entró a la escuela de Fernando González y, estando en tercer año, lo llaman a actuar en una obra junto a Marés González —considerada la mejor actriz chilena de teatro en la historia— y a Claudia Di Girólamo —la más aclamada actriz de TV— y es justamente en esa obra donde es “captado” por Vicente Sabatini, quien lo llama a integrarse a su elenco para la próxima teleserie de TVN. Todo esto en pleno apogeo de la llamada “época de oro” de las teleseries nacionales, haciendo triunfar a Ricardo en las pantallas nacionales. 

Varios años, varios éxitos y varias producciones más tarde, el actor Ricardo Fernández, quién saltó a la fama de la mano de “Romané” (2000), teleserie en la que interpretó a un joven que se enamora de una gitana, aceptó hacer un repaso a toda su vida actoral y personal junto a Revista Sarah, y contarnos su historia en primera persona. “Era la época  de oro y eso duró una buena cantidad de años que, poco a poco, empezó a cambiar, pero que para mí fueron años de mucha suerte”, recuerda. 

LA BELLE ÉPOQUE DE LAS PRODUCCIONES NACIONALES 

Se habla mucho de la época de oro de las teleseries, de las producciones que se hacían en regiones como “Romané”, “El circo de las Montini”, “Iorana”… ¿Cómo recuerdas haber sido parte de todo ese momento?

Fue un periodo muy excitante que uno solo logra dimensionar cuando acaba, como todas las cosas. En ese momento era una tras otra, donde cada teleserie era más épica que la anterior, con elencos y equipos muy grandes donde viajábamos todos juntos. Recorrimos gran parte de Chile haciendo esas teleseries. Las áreas dramáticas, la ficción en general, eran las reinas en la televisión chilena.

¿Lo sigue siendo?

La ficción sigue siendo la reina en los canales de televisión, pero cada vez es de manera más alicaída. Aunque quizás no es justo decirlo así. En este momento, MEGA es el único canal que está haciendo cosas, ellos tienen el negocio de la industria dramática.

“Yo siempre trataba de buscar el reconocimiento y el prestigio por mi trabajo, por mi calidad como actor, más que el alcance que podía tener porque era el jovencito de la película”.

Hablemos de tus inicios; pasaste de ser un estudiante a un actor de TV en tiempos de mucho éxito de las teleseries, ¿cómo fue vivir ese cambio en tu vida?

Fue bien brusco el cambio, porque estaba en una teleserie de un canal de televisión que se veía mucho. Era súper chico e igual es perturbador, porque uno a esa edad no tiene las herramientas para ubicar ese fenómeno en un lugar más sano. Pero afortunadamente,  como me formé en el teatro, había mucha resistencia con el hecho de transformarse en una figura famosilla, más que en una figura prestigiosa. Yo siempre trataba de buscar el reconocimiento y el prestigio por mi trabajo, por mi calidad como actor, más que el alcance que podía tener porque era el jovencito de la película.

Viviste la fama en la época del autógrafo, época de las colegialas vueltas locas por conocer al galán… ¿Algún momento complejo que te haya tocado vivir a causa de la fama?

Sí, muchos. Una vez con la Francisca Imboden estábamos animando una especie de bingo en regiones. Estábamos grabando cerca y aprovechamos de hacer esta pega y de repente la gente se salió de control y nos metieron en el kiosco del colegio y tuvieron que llamar a los Carabineros porque la gente empezó a romper el kiosco y estábamos muy asustados, tuvimos que salir con la  fuerza pública. La gente cuando se reúne en grupos y están enardecidos, muy excitados por tratar de ver, tocar, agarrar, pierden la cordura.

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UNA PROFESIÓN EXTREMA 

La época de oro de las teleseries tenía un elemento particularmente complejo para los actores, quienes en muchos casos debían aprender oficios físicos muy exigentes que iban desde cabalgar hasta convertirse en acróbatas circenses. Y es que estas producciones, en general, eran ¡grandes producciones!, que hasta hoy se recuerdan y se vuelven a ver como una especie de “tesoritos históricos de nuestra tevé”. 

¿Un ejemplo? “Romané”, la producción gitana en la que Ricardo interpretó al joven “Sebastián”, chileno que se enamoró de una gitana y que caló tan fuerte en los televidentes, que hasta hoy lo llaman por el nombre del personaje. “Hasta el día de hoy me dicen Sebastián, y cuando lo hacen paso por la amarga sensación de darme cuenta de que han pasado 23 años”, recuerda con nostalgia. 

¿Qué significa Sebastián para ti?

Ese personaje fue muy querido para mí por lo que significó, por lo que marcó. Fue mi inicio en televisión. Lo pasé extraordinariamente bien, estaba aprendiendo, sabía muy poco de lenguaje televisivo. Le tengo mucho cariño por lo que provocó en la gente. Era una historia  muy bonita, muy honesta, muy sensible.

Eran tiempos de harto desafío físico también, ¿cuál fue tu personaje más extremo?

El del “Circo de las Montini”. Tuve un entrenamiento súper duro, en donde casi perdí un ojo…

¡Detente ahí!, ¿qué es eso de “casi perder un ojo”?

Un día estábamos en la plataforma del trapecio y había un gancho, un palo con el que tú agarrabas el trapecio cuando te lo tiraban desde abajo. Entonces, lo agarré con el palo, este palo se soltó y como está agarrado a un elástico, se devolvió y me pegó. Todavía tengo una cicatriz, justo arriba del ojo.

“Mi seguridad estaba puesta en el arnés que me sostendría del tirón, pero el arnés se cortó y pasé para abajo. O sea, si la cuerda que tenía al cuello no hubiera cedido, me ahorco de verdad”.

¿Cuál fue el lugar más extremo en el que te tocó grabar?

Cuando me colgaron. Esto no lo debería contar (ríe), pero ahí casi pierdo la vida, literalmente. Era una escena de un ahorcamiento en la serie Manuel Rodríguez. A mi personaje lo condenan a la horca, y se hizo todo un aparataje para poder sostener la caída a través de un arnés que me pusieron. Pero la cosa es que el mecanismo no funcionó y yo pasé de largo y la cuerda que  tenía en el cuello —afortunadamente— tenía un pequeño corte que se le había hecho por seguridad, y esta se cortó. Mi seguridad estaba puesta en el arnés que me sostendría del tirón, pero el arnés se cortó y pasé para abajo. O sea, si la cuerda que tenía al cuello no hubiera cedido, me ahorco de verdad.

¿Te asustaste?

Estaba blanco, aterrorizado, porque además lo tuvimos que hacer de nuevo. Y se corrigió todo este aparataje, pero tenía mucho temor. Si hubiera pasado algo, imagínate… Se cierra el área dramática. Una tragedia gigantesca para la producción. No estaríamos acá.

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¿ÍCONO GAY?

Era el año 2006 y TVN estrenaba la teleserie “Cómplices”, una producción que marcó un hecho histórico en nuestro país o, al menos, en nuestra TV. “Cómplices” mostró en televisión abierta la primera relación homosexual en una teleserie y uno de los protagonistas era precisamente Ricardo Fernández, quien junto a Nestor Cantillana llevaron sus personajes hasta un terreno inexplorado hasta ese entonces. Mostraron un amor fuera de burlas y de estereotipos, por lo que rápidamente fueron aplaudidos por la visibilidad que le dieron a la comunidad LGTBQI+.

“No sé, quizás es mucho decir ícono gay, pero me ha tocado hacer personajes gay en varias oportunidades. De hecho, alguna vez vi que yo era el actor chileno al que más personajes gay le había tocado hacer”.

¿Te sientes o te han hecho sentir un ícono gay?

No sé, quizás es mucho decir ícono gay, pero me ha tocado hacer personajes gay en varias oportunidades. De hecho, alguna vez vi que yo era el actor chileno al que más personajes gay le había tocado hacer. 

¿La comunidad te ha hecho sentir que eres de su gusto?

Sí, me lo han hecho sentir así; tengo la impresión que sí. Desconozco cuáles son las razones exactamente,  pero  sí.  Y  no  me  molesta,  al  contrario,  no  tiene  nada  de  malo.

UN RICARDO DE TALLA MUNDIAL

Dicen que el que no se arriesga no cruza el río. Eso es lo que varios actores de la industria nacional han hecho al internacionalizar su carrera. Un fenómeno que va en aumento, del cual ya tenemos varios representantes por el mundo. Y es que la televisión por streaming es una gran oportunidad para actores y productoras locales que bien podrían estar trabajando para mercados lejanos y desconocidos, a los que desde Netflix, Amazon Prime, Paramount y otros pueden saltar a la fama mundial. 

¿Cómo observas el fenómeno del stream y la rápida internacionalización que puede generarse para un actor?

Hoy la industria local televisiva está mucho más restringida y los presupuestos se han ajustado muchísimo. También hay mucha dispersión de las audiencias por las plataformas de stream. Nosotros ahora tenemos la oportunidad de estar en una serie de ficción y tener la posibilidad de que nuestro trabajo sea visto a nivel planetario o bien en toda la región, y eso nos da la posibilidad de poder mostrarnos en otras partes y generar posibilidades de trabajo en otros mercados.

Hablamos de tu próximo trabajo, que justamente es para una plataforma streaming

Tengo un contrato de confidencialidad (ríe), pero es una serie de primerísimo primer nivel, en cuanto a lo que se espera de una producción de una serie clase A, por decirlo así. Está producida por Fábula para una de estas plataformas internacionalmente conocidas. Debiera  estrenarse muy pronto, y estoy feliz por eso.

AMOR Y PATERNIDAD, EL HOMBRE TRAS EL ACTOR

Ese chico bonito que actuaba en las teleseries de inicios del 2000 sigue existiendo, pero hoy lo encontramos en forma de un hombre maduro, que ha dejado avanzar sus canas con natural dignidad, y cuyo sex appeal no solo sigue intacto, sino que crece y evoluciona. Lo hemos visto en teleseries por dos décadas, y para el actor este tiempo no pasa en vano, se deja sentir. “Me afecta mucho en términos emocionales darme cuenta de que todo pasa demasiado rápido”, reflexiona al llegar a este tema.

“Estoy en ese momento de la vida, con 45 años recién cumplidos, en que uno empieza a decirse frases como: ‘Todo pasa tan rápido’”.

¿Te preocupa el paso del tiempo?

Me  afecta, sobre todo emocionalmente. Es como darme cuenta de la finitud, que hay cosas que ya no puedes hacer. Estoy en ese momento de la vida, con 45 años recién cumplidos, en que uno empieza a decirse frases como: “Todo pasa tan rápido”. Hay cosas que uno a los 25 no entiende y suenan como frases cliché. Sin embargo, después de los 40 años las cosas cambian y te das cuenta de que efectivamente el tiempo pasa muy rápido y te empiezan a abandonar muchas cosas.

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¿Esperas trabajar como actor por mucho tiempo más?

Espero tener 82 años y estar parado sobre un escenario. Mis colegas (mayores) se cagan de la risa cuando me escuchan decir: «Oh, yo tengo 45 años”, porque para ellos soy un pendejo. Pero creo que después de los 40 años las cosas cambian, y esto de la crisis de los 40 es real. Cuando tienes 35 años te crees súper joven, está todo bien. Pero a los 40 te cae la teja. 

¿Cómo manejas el interés de las personas y la prensa por tus relaciones sentimentales?

Nunca me ha gustado abrir mis relaciones sentimentales con el público masivo, porque siento que en el fondo uno los hace parte de cosas que son súper privadas. Es súper fácil compartir la parte buena de una relación y el esplendor de una relación, pero compartir el término y el dolor también están asociados. Entonces, prefiero no dar que hablar en ese sentido, me da vergüenza.

“Es súper fácil compartir la parte buena de una relación y el esplendor de una relación, pero compartir el término y el dolor también están asociados. Entonces, prefiero no dar que hablar en ese sentido, me da vergüenza”.

Voy a otro punto. Tienes una hija adolescente, ¿le llama la atención el mundo de las luces?

Yo no la hago participar de mis redes sociales porque es una menor de edad, ella no está en condiciones de poder tomar esa determinación. Me parece riesgoso.

¿Cuál es el desafío más grande de la paternidad?

Estar, simplemente estar. Eso es una gran conquista dentro de la convivencia que yo tengo con mi hija. Trato de estar harto con ella, y afortunadamente tengo un régimen súper flexible con su mamá; es una relación muy colaborativa. Yo vivo con la angustia de querer estar más, de tener un cotidiano, de que no haya etapas que uno se pierda y a su mamá también le pasa lo mismo. Es un rol más desafiante por los tiempos que corren. Uno ya no tiene el permiso social de ser un padre ausente, un padre mezquino o poco preocupado.

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¿Eres un buen papá?

Uno no elige ser un buen papá. Tengo la suerte de no haberlo elegido, solo intento ser un papá presente y responsable. Me gusta mucho ser papá, pero hay otros a los que no les pasa, que realmente tienen que reeducarse.

¿Cuesta ser pololo luego de ser un padre separado?

A mí me costó emparejarme después de que me separé, porque es un escenario completamente diferente. Uno no quiere exponer nunca a un hijo. Nunca fui de la idea del papá que tiene pololitas, que entran y salen; lo evité durante muchos años. En la medida que yo tuviera una relación estable y seria, mi hija podía participar. Ha ocurrido solo una vez, que es la relación que tengo, donde mi hija se abre a compartir con mi pareja. 

¿Hay una suerte de “tiempo de espera” para iniciar una nueva relación cuando se tiene hijos?

Después de que me separé no me dediqué a buscar novia. Sentía que tenía que recuperarme a mí, y tratar de explorar un mejor vínculo con mi hija, porque eso se debilita mucho, por lo tanto hay que inventar un nuevo vínculo que ocurre realmente después de que te separas. 

UN HOMBRE EN CONSTANTE DECONSTRUCCIÓN

En enero, Ricardo Fernández volverá al teatro de la mano de la obra “Antes que los dioses fueran hombres” en el festival Santiago a Mil. Una obra que aborda la masculinidad actual, tema que ha estado en la palestra por mucho tiempo y del cual el actor se hace cargo. “Es una obra que trata acerca de los círculos de hombres, de cuestionarse esta nueva masculinidad. Muchos van a los círculos de hombres, van a reeducarse, a repensar su masculinidad, su masculinidad tóxica, y todas esas conductas arcaicas de machos violentos y dominantes”, relata.

En cuanto a esa deconstrucción, ¿cambia la forma de pensar al tener una hija?

Mi hija me ha enseñado muchísimo. Cuando me pongo muy autoritario, muy duro, muy cerebro, inflexible, implacable, veo la fragilidad en ella e inmediatamente digo “no, no, no, no es la manera”. Siempre me está enseñando, con una sensibilidad maravillosa, con la intuición y sensibilidad que tienen las mujeres. A través de mi hija he logrado mejorar mi relación con el mundo y con el mundo femenino.

¿Quién es el mejor actor chileno vivo?

De los viejos te puedo nombrar cuatro: Pepe Sosa, Eduardo Barril, Tito Noguera y Jaime Vadell. 

¿Y de tu generación?

¡Yo! (ríe). Me puedo echar a muchos encima si digo otra cosa…

¿Y la mejor actriz?

Camila Hirane. #SARAH

Fotografía: @emeescobar 
Maquillaje y peinado: @mackanunez 
Estilismo y outfits: @wendypozolondress
Estudio: @estudiofe 
Producción: @luisynilo
 

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